miércoles, febrero 11, 2026

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Castro Barros, un pueblo que es tierra de nadie: sin policía, sin obras y borrado del mapa por el poder provincial

Castro Barros debería ser una postal de bienvenida. Está sobre la Ruta Nacional 38, es el primer pueblo riojano al ingresar desde Córdoba y ocupa una posición estratégica indiscutible. Pero la realidad es otra, mucho más cruda: hoy es el retrato del abandono absoluto del Estado, tanto municipal como provincial.

El reclamo volvió a estallar en redes sociales, pero no es nuevo. Es el mismo grito que se repite en varios pueblos del interior profundo: no hay recursos, no hay gestión y no hay futuro. En Castro Barros, esa ausencia se palpa en cada cuadra.

Las calles están destruidas, cubiertas de malezas, sin mantenimiento, sin obras básicas y sin planificación. No hay señales de inversión ni de políticas públicas sostenidas. El paisaje urbano habla por sí solo: desidia prolongada y una comunidad que quedó librada a su suerte.

Sin policía: el límite del abandono

Pero el golpe más grave llegó con una decisión tan silenciosa como peligrosa: la quita del puesto policial. Castro Barros quedó directamente sin presencia permanente de fuerzas de seguridad.

“La sensación es que nos dejaron solos. Ante cualquier emergencia, no tenemos a quién recurrir”, relató un vecino con resignación. Hoy, cualquier intervención policial depende de móviles que deben llegar desde Chañar o desde el límite provincial, con demoras que pueden resultar críticas ante hechos de inseguridad, accidentes o emergencias médicas.

La combinación es explosiva: calles destruidas, pueblo oscuro y sin policía. Un cóctel que expone el nivel de abandono institucional al que fue empujada la comunidad.

Un pueblo fuera de agenda

La falta de seguridad, sumada al deterioro urbano y a la nula presencia del Estado, consolida una percepción cada vez más extendida: Castro Barros fue excluido de la agenda del municipio del departamento Belgrano y del Gobierno provincial.

La Estación Castro Barros, hoy deteriorada, sin actividad y en estado de abandono, se convirtió en el símbolo perfecto de esta realidad. Lo que alguna vez fue movimiento y conexión, hoy es silencio y olvido.

Castro Barros no pide privilegios. Pide lo básico: seguridad, calles transitables, presencia del Estado. Porque un pueblo sin policía, sin obras y sin respuestas no es solo un pueblo abandonado: es una advertencia brutal de lo que pasa cuando la política decide mirar para otro lado.

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