martes, febrero 10, 2026

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El miedo no grita, susurra: el PJ riojano entra en pánico por no saber la estrategia de los Menem para el 2027

En La Rioja ya no preocupa lo que se dice, sino lo que no se dice. El silencio prolongado de Martín y “Lule” Menem empezó a generar más daño que cualquier discurso encendido. En la Casa de las Tejas el clima es de alerta permanente: el quintelismo interpreta la calma libertaria como la antesala de una embestida final, quirúrgica y sin retorno, diseñada desde la Casa Rosada.

El gobernador Ricardo Quintela y su círculo más cercano están convencidos de que el Gobierno nacional prepara un golpe político y judicial ejemplificador contra una de las provincias más refractarias al mileísmo. La hipótesis no se apoya en declaraciones públicas, sino en todo lo contrario: la ausencia total de respuesta. Para el peronismo riojano, ese silencio “no es pasividad, es cálculo”.

La lectura interna es clara y descarnada: cuando el poder real calla, es porque ya decidió.

Golpear primero para forzar una reacción

Ante el temor de quedar atrapados en una ofensiva inesperada, Quintela optó por una estrategia de ataque preventivo. El blanco fue directo: Martín Menem y su padre, el histórico exsenador Eduardo Menem. El objetivo no es solo confrontar, sino provocar una reacción que exponga el conflicto y obligue a la Nación a mostrarse.

El ministro de Producción, Ernesto Pérez, se transformó en el ariete verbal del gobierno provincial. Sin matices ni diplomacia, disparó contra el clan Menem en cada micrófono disponible. Pero el dato político que sacudió el tablero fue otro: el regreso de Jorge Yoma al centro de la escena.

El exsenador, forjado políticamente en el menemismo, decidió romper públicamente con su origen y sumarse a las críticas contra los Menem. En el quintelismo celebraron el gesto como un cierre de filas. En el resto del PJ lo leyeron como una señal de desesperación.

El peronismo en dos velocidades

Mientras el gobierno provincial sube el tono, gran parte del peronismo riojano mira el espectáculo con distancia y pragmatismo. La consigna tácita es simple: no dinamitar puentes cuando el poder nacional está en manos libertarias.

El nombre que explica esa cautela es uno solo: Eduardo “Lule” Menem. Armador clave de Karina Milei, conoce al detalle la dirigencia peronista local. Habla con muchos. Escucha a todos. Y mantiene canales abiertos incluso con sectores que públicamente se muestran críticos.

La paradoja es brutal: mientras Quintela confronta a los gritos, buena parte de su estructura política conversa en voz baja con el mismo poder que dice combatir. El PJ juega a dos puntas, anticipando un posible cambio de ciclo.

Banco Rioja: el punto exacto donde duele

En el diagnóstico interno hay una coincidencia total: si la Nación decide avanzar, el primer golpe sería contra el Banco Rioja. La entidad financiera provincial aparece como el verdadero talón de Aquiles del esquema de poder local.

Auditorías profundas, revisión de créditos, manejo de fondos y vínculos con el Estado provincial conforman un combo explosivo que podría derivar en una crisis política inmediata. Nadie lo dice en público, pero todos lo repiten en privado: si cae el Banco, cae el gobierno.

La salida personal: fueros o nada

En este contexto de extrema fragilidad, empieza a tomar forma una jugada defensiva. En el entorno del gobernador no descartan que Ricardo Quintela busque una candidatura a diputado nacional. No como proyección política, sino como refugio.

Los fueros aparecen hoy como el único escudo posible ante una avanzada judicial que, según el quintelismo, ya estaría en marcha. El silencio de los Menem no tranquiliza a nadie. Al contrario: en La Rioja ya aprendieron que cuando el poder deja de hablar, es porque está listo para ejecutar.

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