Por Fernando Barrios – Director de Riojalandia
Mientras el gobierno quintelista se desvive en discursos para responsabilizar al Gobierno Nacional por todos los males que atraviesa la provincia, la realidad vuelve a desnudar su propia hipocresía. Durante el acto por el aniversario de Chañar, en el departamento General Belgrano, fueron los propios trabajadores de la salud quienes expusieron la crudeza del abandono estatal: sin ambulancias, sin condiciones dignas, sin estabilidad laboral.
Con carteles y reclamos pacíficos, personal del Hospital Seccional Doctor Omar B. Pérez le habló directamente al poder. Pero el poder no respondió. Una vez más, la política riojana se disfrazó de acto protocolar para ocultar la pobreza estructural y el deterioro de los servicios públicos.
Los trabajadores, con respeto pero con firmeza, exigieron lo mínimo indispensable para poder cumplir su función: ambulancias nuevas, pase a planta permanente, regularización de contratados y mejoras urgentes en la infraestructura hospitalaria. Reclamos que llevan años sin respuesta, archivados en los mismos escritorios donde se firman licitaciones millonarias para obras que nunca se terminan o subsidios para “emprendimientos amigos”.
El contraste fue brutal: en el escenario, funcionarios sonrientes y discursos vacíos sobre el “Estado presente”; en la calle, los verdaderos servidores públicos pidiendo herramientas para salvar vidas. Esa es la síntesis del modelo quintelista: marketing, propaganda y abandono.
Mientras Ricardo Quintela denuncia la “falta de ayuda nacional”, en los hospitales del interior los médicos hacen guardias sin insumos, los choferes de ambulancia deben arreglar vehículos rotos con sus propias manos, y las enfermeras multiplican esfuerzos para cubrir servicios básicos. ¿De qué sirve culpar a Buenos Aires cuando el problema está en casa?
El Gobierno Provincial, que se jacta de “cuidar a los trabajadores”, no logra garantizar ni siquiera la salud pública en los pueblos más olvidados. Y lo que duele no es solo la falta de recursos, sino la falta de voluntad política. Porque cuando hay que financiar campañas, repartir dádivas o montar escenarios, el dinero aparece. Pero cuando los hospitales piden ambulancias, el silencio es total.
El reclamo en Chañar no fue solo un pedido sectorial: fue un grito simbólico de toda una provincia que ya no cree en los discursos vacíos ni en las promesas recicladas. Fue la prueba viva de que el relato quintelista de “gestión solidaria” se derrumba frente a la realidad.
Mientras los funcionarios se quejan de Nación, los riojanos siguen esperando respuestas de un Estado provincial que se volvió ciego, sordo y mudo. Y lo más triste: que convirtió la miseria en rutina y la propaganda en política de Estado.
Porque en La Rioja, la salud no se cae por culpa de Milei ni de ningún ministro nacional: se cae porque desde hace años la clase política local eligió mirar para otro lado, esconder la basura bajo la alfombra y seguir gastando el dinero del pueblo en marketing electoral.
Y mientras los aplausos oficiales ahogaban los reclamos en el acto de Chañar, una pregunta quedó flotando en el aire:
¿Hasta cuándo vamos a soportar un gobierno que se victimiza ante Nación, mientras abandona a su propia gente?
La hipocresía quintelista tiene fecha de vencimiento. Y depende del pueblo decidir cuándo decir basta.



