miércoles, octubre 21, 2026
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Martín Menem, en la cima de una encuesta que llegó a Casa Rosada: ¿está el PJ riojano ante el riesgo de una derrota histórica?

Un monitoreo provincial sobre 2.500 encuestados ubicaría al presidente de la Cámara de Diputados por encima de los potenciales candidatos del peronismo, con ventajas de entre 6 y 10 puntos en distritos clave como Capital y Chilecito. El oficialismo enfrenta el desgaste de su propia gestión, mientras Menem tiene por delante un desafío decisivo: construir un equipo capaz de gobernar La Rioja.

Una encuesta que llegó a Casa Rosada encendió las alarmas en el peronismo riojano y alimentó las expectativas del espacio libertario. Según los datos del monitoreo, realizado sobre una muestra de 2.500 personas en toda la provincia, Martín Menem encabezaría la intención de voto por encima de cualquier candidato del PJ, con diferencias que oscilarían entre los 6 y los 10 puntos en distritos estratégicos como Capital y Chilecito.

Los números, de confirmarse en futuras mediciones, abrirían un escenario que hasta hace poco parecía impensado para un peronismo que gobierna La Rioja desde hace décadas: la posibilidad concreta de perder el control político de la provincia.

Por ahora, los resultados deben interpretarse con cautela. Sin la ficha técnica completa, los porcentajes detallados y la identificación de la consultora responsable, no es posible evaluar de manera independiente el alcance de la medición. Pero el dato político que circula ya plantea una pregunta incómoda para el oficialismo: ¿qué pasaría si el legendario PJ riojano pierde las elecciones?

El desgaste de un poder que se acostumbró a ganar

Las derrotas políticas rara vez se explican por un solo motivo. En general, son el resultado de una acumulación de errores, decisiones impopulares y una creciente distancia entre quienes gobiernan y una sociedad que comienza a perder la paciencia.

En La Rioja, el quintelismo enfrenta el desafío de administrar ese desgaste. La situación económica, las dificultades salariales, la dependencia de los recursos nacionales y las críticas a la gestión conforman un escenario en el que el oficialismo ya no puede confiar exclusivamente en su estructura territorial ni en la tradición electoral del peronismo.

A eso se suman cuestionamientos sobre el nepotismo, la exposición de patrimonios y la ostentación de bienes en una provincia donde una parte de la población convive con ingresos deteriorados y necesidades cotidianas que siguen sin resolverse

La contradicción política es evidente: mientras el discurso oficial suele apelar a la defensa de los sectores populares, determinados comportamientos atribuidos a dirigentes y funcionarios alimentan la percepción de una dirigencia alejada de las dificultades que atraviesa la sociedad.

El problema para el PJ es que buena parte de esos cuestionamientos no resulta nueva. El propio Ricardo Quintela construyó su trayectoria política con críticas a otros sectores del poder riojano y a sus formas de ejercer el gobierno. Hoy, algunas de las discusiones que marcaron aquella etapa regresan, pero con el quintelismo ocupando el centro de la escena.

La pregunta ya no es solamente cuánto desgaste acumula el Gobierno, sino cuánto de ese desgaste está dispuesto a reconocer. Sin autocrítica, el oficialismo corre el riesgo de confundir la permanencia en el poder con el respaldo social.

Martín Menem tiene una oportunidad, pero no alcanza con una encuesta

Del otro lado aparece Martín Menem, una figura que podría capitalizar el descontento con el oficialismo y convertirlo en una alternativa competitiva en su provincia.

La eventual ventaja que le atribuye el monitoreo representa una señal política relevante, especialmente si se sostiene en Capital y Chilecito, dos distritos fundamentales para cualquier proyecto electoral provincial.

Sin embargo, liderar una encuesta no equivale a tener asegurada una victoria. Entre la intención de voto y el resultado en las urnas intervienen la consolidación de candidaturas, la organización territorial, la fiscalización, las alianzas y, sobre todo, la capacidad de presentar una propuesta de gobierno creíble.

Y allí aparece el principal desafío de Menem.

El propio dirigente habría reconocido que todavía no cuenta con un equipo consolidado en La Rioja para afrontar una eventual estructura gubernamental. La construcción de ese espacio, por lo tanto, se convierte en una prioridad estratégica: no solamente necesita dirigentes que lo acompañen en una campaña, sino cuadros técnicos y políticos capaces de asumir responsabilidades en ministerios, secretarías y organismos provinciales.

Ganar una elección exige votos. Gobernar requiere algo más.

El desafío de construir una alternativa de gobierno

Si Martín Menem pretende transformar el escenario electoral en una posibilidad real de poder, deberá resolver una cuestión central: quiénes integrarían su equipo y cómo se prepararía para administrar una provincia con problemas fiscales, demandas salariales, servicios públicos cuestionados y una economía fuertemente condicionada por las transferencias nacionales.

La selección de los futuros responsables de las áreas estratégicas será una señal política en sí misma. Una nómina integrada por dirigentes sin experiencia suficiente, nombres cuestionados o figuras elegidas exclusivamente por lealtad podría debilitar su propuesta antes de llegar al Gobierno.

En cambio, la incorporación de profesionales con capacidad de gestión, equipos técnicos y referentes territoriales podría ampliar su base electoral y transmitir una idea de previsibilidad.

Recientemente Menem reconoció que todavía no tiene una estructura de nombres para gobernar a La Rioja, también dijo que todavía “falta mucho” para las elecciones, a pesar que todos lo ponen como el candidato:

También deberá demostrar que su proyecto para La Rioja no se limita a reproducir la confrontación nacional entre Javier Milei y el peronismo. Los problemas provinciales requieren respuestas concretas: cómo generar empleo privado, mejorar los ingresos, ordenar las cuentas públicas, atraer inversiones y reducir la dependencia de los recursos del Estado nacional.

La oportunidad electoral, si existe, deberá estar acompañada por un programa de gobierno.

¿Y si el PJ pierde La Rioja?

Una derrota del peronismo riojano tendría consecuencias que excederían el recambio de autoridades. Significaría la pérdida de una posición de poder construida durante décadas y obligaría al justicialismo a revisar sus liderazgos, sus prácticas internas y su relación con la sociedad.

También pondría a prueba la capacidad de una fuerza política acostumbrada a gobernar para convertirse en oposición, reorganizarse y recuperar credibilidad. Quintela logró eso, perder credibilidad.

Para el quintelismo, el riesgo sería todavía más profundo: una eventual derrota podría interpretarse como el agotamiento de un modelo de conducción que necesita demostrar resultados y explicar decisiones, en lugar de confiar exclusivamente en su aparato político.

Para Martín Menem, en cambio, una victoria abriría una etapa de enormes expectativas y responsabilidades. El electorado que eventualmente lo acompañe no le entregaría un cheque en blanco. Le exigiría respuestas, transparencia y resultados.

El escenario está abierto. La encuesta que llegó a Casa Rosada puede representar una señal de alarma para el peronismo y una oportunidad para el espacio libertario. Pero entre aprovechar el desgaste del adversario y construir una alternativa capaz de gobernar existe una diferencia decisiva.

Martín Menem podría tener una oportunidad histórica en La Rioja. La pregunta es si logrará convertir una ventaja electoral en un proyecto político sólido. Porque, si el PJ pierde, no bastará con explicar por qué cayó el oficialismo: también habrá que demostrar que existe una alternativa preparada para ocupar su lugar.

FUENTE: EL FEDERAL ONLINE
REDACCIÓN: ANGEL FLORES

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