La maquinaria política del Gobierno nacional empezó a acelerar a fondo rumbo a diciembre, y La Rioja vuelve a quedar en el rincón oscuro del tablero. Con la orden directa de Javier Milei de asegurar los votos para las sesiones extraordinarias, el ministro del Interior, Diego Santilli, inició una gira frenética por el país que incluye radicales, macristas y peronistas “dialoguistas”. El objetivo es simple: blindar el Presupuesto 2026 y el paquete de reformas. El método, también: premiar a quienes juegan y aislar a quienes resisten.
Este lunes, Santilli aterrizó en Corrientes para reunirse con el gobernador radical Gustavo Valdés. El martes será el turno de Misiones, con Hugo Passalacqua. Y en Buenos Aires ya están agendados dos encuentros clave: uno con Jorge Macri y otro con el pampeano Sergio Ziliotto, una pieza compleja del rompecabezas peronista.
La jugada de Balcarce 50 es quirúrgica. Milei quiere romper la estructura del PJ en el Congreso y forzar un reordenamiento territorial donde cada gobernador negocie su supervivencia política a cambio de votos. La Casa Rosada busca superar las 94 bancas en Diputados y licuar la capacidad de bloqueo de Unión por la Patria. En ese esquema, figuras como Jalil y Zamora ya comenzaron a moverse con autonomía del kirchnerismo, alimentando el nuevo mapa de alianzas.
La Rioja, afuera de todo
Mientras el ministro del Interior acumula reuniones con 20 mandatarios “dialoguistas”, La Rioja es una de las pocas provincias ignoradas por completo. Ni llamada, ni reunión, ni una señal mínima de apertura. Ricardo Quintela integra, junto a Axel Kicillof y Gildo Insfrán, el grupo de gobernadores marcados como “intransigentes” por el Gobierno nacional.
Y el costo político de ese aislamiento pega directo en la billetera provincial.
Mientras Catamarca, Misiones o San Juan negocian obras, partidas específicas y reasignación de fondos a cambio de levantar la mano en temas sensibles como la Ley de Glaciares o la reforma tributaria, La Rioja solo recibe lo que marca la coparticipación automática. Nada más. No hay asistencia extra. No hay negociación por deudas. No hay margen de maniobra.
En los pasillos de Balcarce 50 lo dicen sin vueltas: la estrategia es quebrar la bancada peronista del norte. Si Santilli logra consolidar un interbloque con gobernadores que ya no responden al kirchnerismo, los diputados alineados con Quintela perderán todo poder de presión en el nuevo Congreso, quedando reducidos a un rol meramente declarativo.
En la Casa Rosada celebran. Creen que el Parlamento que viene será “el más reformista de la historia”. Pero detrás de ese entusiasmo queda un mensaje incómodo para los riojanos: con Quintela fuera del acuerdo federal, la provincia entra a 2026 con menos influencia, menos recursos y un horizonte político mucho más ajustado.



