En el Día Internacional de los Derechos Humanos —fecha que en Argentina también marca el aniversario del retorno democrático— el exgobernador y actual diputado nacional Sergio Casas publicó un mensaje solemne en redes sociales. Habló de “Memoria, Verdad y Justicia” como “pilares innegociables”, pidió compromiso colectivo y se mostró defensor firme de las garantías fundamentales.
Pero el discurso, aunque prolijo y perfectamente redactado, pierde brillo cuando se lo confronta con la propia trayectoria política del dirigente peronista.
Un mensaje impecable… en teoría
Casas destacó el “doble significado” de la fecha, reivindicó las banderas históricas de los organismos de DD.HH. y llamó a construir una sociedad “más justa, inclusiva y equitativa”. Hasta ahí, nada que objetar. El problema es que el mensaje suena más a formalidad que a convicción real.
Durante su gestión como gobernador, la administración de Casas fue señalada repetidamente por organizaciones sociales por prácticas discrecionales en el manejo del Estado, falta de transparencia, concentración de poder político y un sistema institucional poco permeable al control ciudadano. Todo lo contrario a los valores democráticos que asegura defender hoy con tanta firmeza.
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Cuando la memoria es selectiva
Hablar de Memoria, Verdad y Justicia exige coherencia. Y la memoria también incluye la responsabilidad de mirar para adentro. Casas prefiere recitar conceptos nobles sin asumir que bajo su mandato hubo denuncias por persecución política a empleados públicos, precarización laboral extendida y una estructura económica que favoreció más al círculo del poder que a los sectores vulnerables.
Resulta irónico que hable de “dignidad” cuando miles de trabajadores estatales riojanos siguieron —y siguen— sumidos en la inestabilidad que él mismo, como máxima autoridad provincial, jamás resolvió.
Derechos Humanos: mucho slogan, poca autocrítica
Casas afirma que “la plena vigencia de los Derechos Humanos es responsabilidad colectiva”. Es cierto. Pero también es responsabilidad directa de quienes gobernaron y todavía ocupan bancas legislativas tomar decisiones que garanticen esos derechos en lo concreto, no solo en fecha de efemérides.
Mientras repite frases inspiradoras, el diputado evita responder por los retrocesos institucionales que ocurrieron durante su gestión, la concentración del poder que impulsó y la falta de políticas estructurales para combatir la desigualdad que hoy denuncia.
Un discurso que interpela, pero no se aplica
El llamado final de Casas a “construir una sociedad más justa, inclusiva y equitativa” es impecable. Sin embargo, su propio legado como gobernador deja dudas sobre cuán dispuesto estuvo —o está— a impulsar esos cambios de verdad.
En un día que invita a la reflexión profunda, su mensaje podría haber sido una oportunidad para hacer autocrítica, revisar errores y asumir compromisos reales. Pero optó por lo de siempre: palabras correctas, sin asumir la parte incómoda de la historia.
La democracia se fortalece con memoria completa, no con memoria selectiva. Y los Derechos Humanos no se honran solo con discursos: se demuestran con hechos.



