En una entrevista cargada de tensión y cruda realidad, Noemí Bordón, enfermera e integrante de la agrupación de Trabajadores Autoconvocados, alzó la voz en el programa «Dos Tipos Audaces» para denunciar la precariedad extrema que atraviesa el sector público en la provincia. Con nueve marchas a cuestas y registros fílmicos que avalan la masividad de las protestas, Bordón expuso un panorama de abandono institucional y persecución política.
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Sobre la indiferencia oficial: «No hemos tenido ni respuesta, ni siquiera un llamado, un mensaje en el aire o de humo de nadie de las autoridades provinciales».
El silencio como respuesta política
A pesar de la magnitud de las movilizaciones, la dirigente fue tajante al señalar la nula respuesta por parte del gobierno provincial. Según Bordón, no ha existido «ni un mensaje en el aire» por parte de las autoridades, quienes han optado por el «silencio político» tanto desde el oficialismo como desde la oposición.
«Yo no soy muy valiente, yo tengo hambre. Y creo que represento la voz de muchos que tienen hambre en la administración pública».
Persecución y la «Mística del Hambre»
Uno de los puntos más sensibles de la entrevista fue la denuncia de maniobras para amedrentar a los trabajadores. Bordón describió un clima de hostilidad diseñado para infundir miedo, aunque aclaró que su motor actual supera cualquier temor: la necesidad básica de subsistir.
«El empleado de la administración pública de La Rioja es el más pobre y hambreado del país».
Sobre el estigma de ser «vagos»: «Somos muchos ‘vagos de mierda’ que nos preparamos, nos capacitamos y que damos un servicio de calidad… por eso yo merezco mi salario digno».
Un mensaje a sus compañeros: «Deje de tener miedo, siéntase merecedor de un sueldo básico, justo y necesario acorde a su trabajo».
La entrevista cerró con una advertencia clara: cuando los trabajadores se levanten de manera definitiva, los oídos sordos del poder tendrán que abrirse. Bordón reivindicó el derecho constitucional a un sueldo digno que alcance para cubrir las necesidades básicas, algo que, según sus palabras, hoy es una utopía para los empleados públicos riojanos.



