imagen generada por IA
Por Redacción Política
La ausencia de Ricardo Quintela dejó de ser un dato anecdótico y pasó a ser un problema estructural. Desde el 30 de diciembre el Gobernador no pisa suelo riojano y el vacío de poder fue ocupado por lo peor de la política: internas salvajes, operaciones cruzadas y una guerra de carpetazos que expone el final de un ciclo.
Sin conducción, sin árbitro y sin caja, el oficialismo entró en modo supervivencia. Y cuando la política se queda sin recursos, aparece el cuchillo.
El gobernador ausente y el poder en fuga
En la Casa de las Tejas ya nadie disimula la acefalía de hecho. La ausencia prolongada del mandatario desató una interna feroz dentro de su propio gabinete. Cada funcionario juega su partido, cuida su pellejo y, si puede, empuja al otro al vacío.
El resultado es una administración paralizada, sin rumbo político claro y con una sensación de desgobierno que crece día a día.
Facebook como campo de batalla
La novedad —y el síntoma más grave— es dónde se libra la pelea. No es en despachos ni en mesas políticas. Es en Facebook.
Páginas anónimas históricamente alineadas con el oficialismo, usadas durante años para atacar a la oposición y blindar al poder, hoy funcionan como trincheras internas. Desde ahí se difunden denuncias directas contra ministros, secretarios y funcionarios de primera línea.
El fuego amigo ya no se disimula.
Carpetazos, viajes y pauta: el menú completo
Las acusaciones no son menores ni elegantes. Se habla de:
-
pagos irregulares de pauta oficial
-
viajes al exterior en plena crisis
-
compra de inmuebles
-
uso discrecional de fondos públicos
El nivel de detalle de las publicaciones deja una certeza incómoda: la información sale desde adentro. No hay oposición detrás de esto. Es el quintelismo denunciando al quintelismo.
Una cacería interna donde cada facción expone los privilegios del otro para sobrevivir al ajuste y a la sequía de recursos.
Sin caja no hay disciplina
El trasfondo es claro y brutal: se terminó la plata y con ella se terminó el orden.
La falta de recursos públicos dejó al descubierto la fragilidad real del poder. Lo que antes se resolvía con billetera, hoy se dirime con escraches.
Analistas locales coinciden en que hace años no se veía una pelea mediática de esta magnitud dentro del oficialismo riojano. Funcionarios acusándose de corrupción mientras el Gobernador está ausente no es solo una interna: es un síntoma de descomposición.
Fin de ciclo adelantado
Aunque el mandato formal termina el 10 de diciembre de 2027, el conflicto ya adelantó la sucesión. La falta de conducción política, la presión del ajuste nacional y las traiciones internas configuran un escenario de extrema debilidad.
El quintelismo ya no gobierna: resiste.
Y cuando un gobierno entra en modo resistencia, el final deja de ser una fecha y pasa a ser una cuenta regresiva.



