La Municipalidad de La Rioja Capital volvió a avanzar sin explicar. Sin anuncio oficial, sin campaña informativa y sin dar la cara, la gestión de Armando Molina amplió el sistema de estacionamiento medido hacia los barrios del norte de la ciudad, generando confusión, enojo y una pregunta clave que nadie responde: ¿ya están multando o no?
En los últimos días, vecinos y automovilistas detectaron que las cuadras ubicadas desde calle 8 de Diciembre hacia el norte ya figuran como zonas activas dentro de la aplicación oficial para pagar el estacionamiento. El sistema está encendido. El cobro, habilitado. La información, ausente.
Señalización sin explicación, aplicación sin aviso
Es cierto: desde hace semanas las dársenas de ese sector estaban pintadas y señalizadas, una pista clara de que el municipio planeaba extender el negocio del estacionamiento medido. Lo que nunca ocurrió fue lo básico: comunicar.
Ni un comunicado, ni una conferencia, ni un post oficial aclarando desde cuándo rige el cobro, si hay período de prueba o si ya se están aplicando sanciones. Tampoco hubo precisiones por parte de la empresa concesionaria. Silencio total.
Mientras tanto, el sistema ya funciona.
¿Etapa de prueba o multa sorpresa?
La falta de información no es un detalle menor. Hoy los conductores no saben si estacionar sin pagar implica una infracción o si el municipio está testeando el sistema antes de aplicarlo plenamente. Esa ambigüedad deja a miles de vecinos expuestos a posibles multas retroactivas o sanciones discrecionales.
Una gestión seria informa antes de cobrar.
Una gestión desordenada cobra primero y explica después —si explica—.
Molina y el manual del “hecho consumado”
La ampliación del estacionamiento medido vuelve a mostrar una forma de gobernar que ya es marca registrada en la Capital: decisiones tomadas a puertas cerradas y aplicadas por sorpresa, sin participación ciudadana ni empatía con quienes usan la ciudad todos los días.
El problema no es solo el estacionamiento medido. Es la lógica.
La ciudad no se administra como una app que se actualiza sin aviso.
Vecinos como variable de ajuste
En un contexto económico asfixiante, donde estacionar se vuelve un gasto más, el mínimo gesto de respeto institucional es informar con claridad. No hacerlo es tratar a los vecinos como usuarios cautivos, no como ciudadanos.
La pregunta sigue flotando en el aire, sin respuesta oficial:
¿Están multando o no?
El municipio calla.
La aplicación cobra.
Y la confianza, otra vez, paga el precio.



