En medio de una provincia quebrada, con pobreza en aumento, caída del empleo privado y un Estado provincial cada vez más dependiente del gasto público, el presidente Javier Milei anunció este jueves el lanzamiento de un nuevo régimen de incentivos denominado “SÚPER RIGI”, una versión ampliada y más potente del esquema original que promete beneficios fiscales extraordinarios para atraer inversiones millonarias a la Argentina.
La noticia golpeó de lleno en La Rioja, donde el gobierno de Ricardo Quintela quedó expuesto por años de confrontación política con Nación, falta de previsibilidad y un modelo económico provincial que espantó inversiones privadas mientras otras provincias avanzaban.
El nuevo régimen, según adelantó Milei desde su cuenta oficial en X, buscará impulsar sectores estratégicos y facilitar la creación de empresas capaces de generar empleo genuino. Un mensaje completamente opuesto al esquema riojano actual: más impuestos, más dependencia estatal y menos actividad privada.
Durante años, La Rioja quedó afuera del RIGI original mientras provincias vecinas como Catamarca y Jujuy captaban proyectos mineros, dólares e infraestructura. El costo de esa exclusión hoy se traduce en una economía provincial asfixiada y una juventud obligada a emigrar para encontrar oportunidades laborales.
La administración Quintela apostó todo al enfrentamiento político con el Gobierno nacional y terminó dejando a la provincia aislada del nuevo mapa de inversiones que comenzó a gestarse en Argentina tras el cambio de rumbo económico impulsado por Milei.
Mientras tanto, proyectos clave como el desarrollo de litio y cobre en la cordillera riojana siguen frenados entre conflictos judiciales, indefiniciones políticas y ausencia de reglas claras. Incluso iniciativas emblemáticas como el Parque Eólico Arauco atraviesan dificultades financieras severas pese al enorme potencial energético de la provincia.
El dato más alarmante es que La Rioja se convirtió en una de las pocas provincias argentinas donde la pobreza siguió creciendo con fuerza durante 2024 y 2025, alcanzando niveles críticos mientras se desplomaban el consumo, las ventas y el empleo formal privado.
Ahora, el “SÚPER RIGI” podría representar una última oportunidad para que La Rioja vuelva a competir por inversiones reales. Pero para eso hará falta algo que el gobierno provincial no viene ofreciendo hace años: seguridad jurídica, estabilidad política y apertura al sector privado.
Porque ningún empresario serio invierte millones donde reina la incertidumbre, el conflicto permanente y la improvisación fiscal.
La pregunta que empieza a circular en el círculo empresarial ya no es si Milei abrirá la puerta a las inversiones.
La verdadera duda es si Quintela y su modelo político son capaces de dejar de cerrarla.


