Indignación y hartazgo social ante la posible vuelta de los BOCADE en La Rioja. Más parches, menos soluciones.
En una provincia asfixiada por la caída de la coparticipación, el derrumbe del consumo y un gobierno que no encuentra rumbo, el gobernador Ricardo Quintela volvió a poner sobre la mesa una posibilidad que ya genera rechazo en la calle: la vuelta de los BOCADE, los tristemente célebres «chachos», esa cuasimoneda que en 2024 disfrazó de ayuda lo que en realidad fue un manotazo desesperado.
“Es una posibilidad que vamos a estudiar”, dijo Quintela, como si fuera una ocurrencia técnica novedosa y no el mismo libreto gastado de siempre, donde se inventa papel para maquillar la crisis sin atacar ninguno de sus problemas estructurales. Y como si el pueblo riojano no tuviera memoria: los BOCADE fueron papel sin valor real, una promesa de poder de compra limitada a comercios cómplices del clientelismo, mientras la inflación y la pobreza seguían subiendo.
Más papeles, menos soluciones
Los BOCADE —disfrazados de “bonos para estimular el consumo interno”— nunca fueron un plan económico, sino una muestra brutal del fracaso de la gestión. Quintela, lejos de anunciar medidas reales para fortalecer la producción, apoyar al empleo genuino o hacer un mejor reparto de fondos nacionales, vuelve a mirar el cajón de los parches antes que sentarse a gobernar con seriedad.
La excusa oficial es siempre la misma: “el sector público mueve la economía”, repitió el gobernador. Pero lo que no dice es que ese mismo sector público está empobrecido, precarizado y usado como escudo político, mientras el empleo privado desaparece y los sueldos no alcanzan ni para la mitad del mes.
Un pueblo cansado de promesas de papel
En 2024, los BOCADE se presentaron como una ayuda “extra” para los estatales, pero en la práctica sólo sirvieron para contener reclamos salariales sin poner un peso real en el bolsillo. Las cámaras empresariales los respaldaron, sí, pero por necesidad, porque el consumo se había desplomado. Sin embargo, la oposición y gran parte de la ciudadanía vieron claro el juego: fue un bono trucho que pateó la pelota para adelante.
¿Y ahora? En 2025, con la situación más crítica aún, Quintela insinúa que podría repetir la historia. Pero el clima social es otro: hay hartazgo, hay bronca, y hay una sensación generalizada de que este gobierno provincial se quedó sin ideas y sin credibilidad.
Mientras tanto, la provincia se cae a pedazos
A la par de esta propuesta delirante, el gobernador también mencionó que está “analizando” un posible aumento salarial para julio. Pero no dio cifras, ni criterios, ni plazos. Otra vez, promesas al aire mientras los precios suben cada semana y el salario real se derrite.
La Rioja no necesita más bonos impresos ni más frases huecas. Necesita un plan económico real, empleo privado genuino, crédito productivo y salarios dignos. Necesita, en definitiva, un gobierno que gobierne y no que improvise ni despilfarre el dinero de los riojanos en su propia conveniencia.
Los BOCADE no son solución, son la evidencia de un fracaso político rotundo. Mientras el gobierno provincial siga aferrado a parches, sin proyecto productivo, sin independencia económica ni voluntad de enfrentar el ajuste nacional con coraje, La Rioja seguirá cayendo. Y esta vez, con la paciencia social al límite.





