lunes, octubre 5, 2026
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El relato de Quintela choca contra los datos: la pobreza roza el 40% y expone el fracaso del modelo riojano

Mientras la administración de Ricardo Quintela sostiene un discurso enfocado en el anuncio permanente de programas, bonos, subsidios y supuestas inversiones millonarias, la realidad social del aglomerado urbano de La Rioja transita un camino de deterioro irreversible. Según el último informe del INDEC correspondiente al primer semestre de 2026, el 38,4% de los habitantes de la Capital riojana vive bajo la línea de pobreza. En términos concretos, 93.000 personas no logran cubrir el costo de la Canasta Básica Total (CBT), una cifra que desnuda la ineficacia de las políticas sociales provinciales.

Los números oficiales ubican a La Rioja muy por encima de la media nacional. Con una diferencia de 6,1 puntos porcentuales frente al 32,3% del promedio del país, la provincia se consolida como una de las jurisdicciones más castigadas del Norte Argentino. De hecho, ostenta el segundo mayor índice de pobreza de toda la región NOA, superada únicamente por el aglomerado Santiago del Estero-La Banda (38,5%). Lejos de mostrar una recuperación, la estadística marca un agravamiento de la crisis: la pobreza saltó del 36,7% registrado a fines de 2025 al 38,4% actual.

El impacto en los hogares es devastador. El 26,6% de los grupos familiares de la Capital —aproximadamente 20.000 familias— no reúne los ingresos suficientes para acceder a bienes y servicios esenciales. El drama se profundiza al observar los índices de indigencia: el 4,7% de la población (11.000 personas agrupadas en unos 2.000 hogares) ni siquiera alcanza a cubrir el umbral mínimo de la Canasta Básica Alimentaria. Son miles de familias riojanas empujadas a reducir sus raciones diarias de comida y a depender de manera crónica de la asistencia del Estado para garantizar su supervivencia básica.

Este escenario pone en jaque el modelo estructural del «quintelismo». La Rioja mantiene una de las maquinarias estatales más grandes del país en proporción a su cantidad de habitantes, utilizando el empleo público y el reparto de recursos sociales como principales herramientas de contención económica. Sin embargo, los datos del INDEC demuestran que esta dependencia extrema del Estado, combinada con una escasa generación de inversión privada y una nula creación de puestos de trabajo genuinos, ha fracasado sistemáticamente a la hora de revertir la pobreza estructural. Los especialistas coinciden en que el desfase entre los ingresos familiares (principalmente salarios públicos deprimidos) y el constante aumento del costo de vida empuja a cada vez más riojanos hacia la pobreza.

La contundencia de estos 93.000 pobres y 11.000 indigentes contradice frontalmente el relato oficial de crecimiento, desarrollo e inclusión social. Además, la radiografía estadística resulta aún más alarmante si se considera que el INDEC solo releva el aglomerado de la Capital. En el interior provincial, donde los sectores productivos denuncian una caída brutal de la actividad económica y del poder adquisitivo, la vulnerabilidad de las familias se proyecta hacia un escenario aún más complejo, dejando en evidencia las profundas grietas de un modelo que no logra garantizar condiciones de vida dignas para sus ciudadanos.

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