Después de más de dos décadas de negociaciones, el Consejo Europeo aprobó finalmente el Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, un tratado de libre comercio que marcará un antes y un después en las relaciones económicas entre América del Sur y el viejo continente.
La decisión se concretó este viernes en una reunión de embajadores de los 27 países miembros del bloque europeo en Bruselas, donde la mayoría alcanzó una mayoría cualificada a favor del pacto, a pesar de las objeciones de varias potencias agrícolas.
Un hito tras 25 años de negociaciones
Las negociaciones para un acuerdo entre el Mercosur —que integra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— y la Unión Europea se iniciaron formalmente en 1999, transformándose con los años en uno de los procesos de integración comercial más largos de la historia moderna.
Con el voto favorable de Alemania, España, Italia y otros 18 Estados, el pacto obtuvo luz verde. Sin embargo, varios países con fuerte peso en el sector agrícola, como Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría, se opusieron, mientras que Bélgica se abstuvo.
“Este es un paso histórico que fortalecerá nuestra asociación estratégica con Sudamérica y abrirá nuevas oportunidades de comercio e inversión”, declaró un alto funcionario europeo tras el anuncio.
Qué implica para Argentina y la región
El acuerdo abrirá un mercado de casi 800 millones de consumidores y eliminará progresivamente aranceles sobre una amplia gama de productos, desde alimentos hasta bienes industriales, incorporando también normas de cooperación política y desarrollo sostenible.
Para Argentina y el resto del Mercosur, esto significa un acceso más amplio a la UE, el segundo socio comercial más importante del mundo, con potencial para dinamizar exportaciones de carne, granos y bioenergéticos. Sin embargo, la aprobación definitiva aún depende del visto bueno del Parlamento Europeo y de los procesos de ratificación en cada país miembro.
Críticas y polémicas: ¿beneficio real o riesgo para sectores sensibles?
La aprobación no fue unánime ni exenta de controversias. En varias capitales europeas, sindicatos agrícolas, ambientalistas y sectores rurales expresaron preocupaciones por el impacto que la entrada masiva de productos del Mercosur podría tener en la producción local y las normas ecológicas europeas.
En Francia, por ejemplo, los críticos alertaron sobre riesgos para los pequeños productores y la soberanía alimentaria, argumento que fue central en su voto en contra.
¿Qué viene ahora?
Con el apoyo del Consejo Europeo, el paso siguiente es la firma formal del tratado, prevista para mediados de enero en Asunción del Paraguay, donde los presidentes de los países del Mercosur y líderes europeos sellarán el pacto.
Después de eso, el tratado deberá ser ratificado tanto por el Parlamento Europeo como por los congresos nacionales de las partes involucradas antes de entrar en vigor.
Para Argentina, este capítulo internacional puede significar un viento a favor para diversificar mercados y atraer inversiones. Pero también reabre el debate local sobre cómo se preparan industrias, campos productivos y reguladores ante un escenario de integración comercial más profundo.



