La Rioja, 17 de agosto de 2025 – En la antesala de las elecciones legislativas, el gobernador Ricardo Quintela atraviesa el momento político más complejo de su gestión. Su proyecto “Federales” no logró sumar adhesiones de peso y hoy el peronismo riojano se encamina a la contienda sin el amparo de un “paraguas nacional”.
La política riojana tiene una regla tácita: la conexión con el poder central es vital para sostener influencia y recursos. Sin embargo, Quintela, que buscó posicionarse en el escenario nacional con ambiciones propias, quedó aislado. No cuenta con el respaldo de Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof ni Sergio Massa, y su figura se encuentra cada vez más lejos de la mesa chica del peronismo.
Ese vacío contrasta con la situación de sus rivales. Martín Menem, referente de La Libertad Avanza, aparece fortalecido con el apoyo directo de Javier Milei. Su cercanía con el Presidente le otorga visibilidad, estructura y una narrativa nacional que se proyecta con fuerza en el electorado riojano.
En paralelo, Néstor Bosetti juega su carta con Provincias Unidas, acompañado por el cordobés Juan Schiaretti como referente. El radicalismo, en tanto, atraviesa un escenario similar al peronismo riojano: sin aliados nacionales y con limitaciones para imponer agenda en el tablero electoral.
La soledad política de Quintela convierte estas elecciones en algo más que una simple disputa legislativa. El voto de octubre se perfila como un plebiscito sobre su capacidad de sostener poder en su propia provincia sin el respaldo de una estructura nacional.
La pregunta que sobrevuela en la dirigencia es clara: ¿podrá el “quintelismo” sobrevivir en soledad o la falta de apoyo nacional será el inicio de su declive? El resultado electoral será, en definitiva, el termómetro que mida si la apuesta de Quintela fue una jugada audaz o un error estratégico de alto costo.



