viernes, junio 12, 2026
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24 MUERTOS EN SEIS MESES: EL FRACASO DE UNA POLÍTICA VIAL QUE NO LOGRA FRENAR LA TRAGEDIA

Mientras funcionarios anuncian campañas de concientización, operativos y controles, la realidad vuelve a golpear con crudeza: 24 personas ya perdieron la vida en siniestros viales durante lo que va de 2026 en La Rioja.

Detrás de cada número hay una familia destruida, un proyecto de vida truncado y una pregunta que sigue sin respuesta: ¿qué más tiene que pasar para que la seguridad vial sea una verdadera prioridad?

Los datos del Observatorio de Siniestros Viales muestran una leve baja respecto al mismo período del año pasado, pero el panorama sigue siendo alarmante. Lo más preocupante es que 21 de las 24 víctimas fatales se trasladaban en motocicleta, confirmando una problemática que las autoridades conocen desde hace años y que, sin embargo, continúa cobrándose vidas.

La situación deja en evidencia una realidad incómoda: las campañas publicitarias y los discursos oficiales parecen no alcanzar cuando en las calles siguen multiplicándose las conductas de riesgo.

Exceso de velocidad, consumo de alcohol, falta de casco, uso del celular al conducir y escasos controles efectivos continúan formando parte del paisaje cotidiano de la provincia.

La tragedia se concentra principalmente en zonas urbanas. La Capital lidera las estadísticas y Chilecito encabeza los registros en el interior, reflejando que el problema no distingue departamentos ni clases sociales.

Pero también sería un error cargar toda la responsabilidad sobre los conductores. La falta de educación vial sostenida, la escasa inversión en infraestructura segura, la débil fiscalización y la ausencia de sanciones ejemplificadoras forman parte de una ecuación que el Estado no puede ignorar.

Cada accidente fatal suele generar conmoción durante algunos días. Se anuncian controles, operativos y reuniones. Luego todo vuelve a la normalidad hasta que una nueva tragedia ocupa los titulares.

La Rioja lleva años repitiendo el mismo diagnóstico, pero los resultados siguen siendo insuficientes.

Si 24 muertes en apenas medio año no alcanzan para encender todas las alarmas, entonces el problema ya no es solamente vial. Es político.

Porque cuando las estadísticas se repiten año tras año, dejan de ser una fatalidad para convertirse en la evidencia de un sistema que no está logrando proteger la vida de sus ciudadanos.

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