viernes, junio 5, 2026
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En mayo, casi el 60% de los fondos discrecionales enviados a la provincia fueron para los comedores escolares

El discurso del gobierno de Ricardo Quintela repite desde hace meses una misma consigna: que la Nación «abandonó» a La Rioja y que el ajuste de Javier Milei golpea especialmente a los sectores más vulnerables. Sin embargo, las propias planillas oficiales de ejecución presupuestaria muestran una realidad bastante distinta.

Los datos correspondientes a mayo de 2026 revelan que, en medio del severo ordenamiento fiscal impulsado por la Casa Rosada, los recursos discrecionales enviados a La Rioja no desaparecieron. Por el contrario, fueron direccionados casi exclusivamente a sostener las políticas alimentarias y educativas.

Según los registros de Presupuesto Abierto, la provincia recibió durante mayo un total de 741 millones de pesos en transferencias no automáticas. De ese monto, 435 millones fueron destinados a comedores escolares, es decir, cerca del 60% del total de los fondos girados.

A esa cifra se suman 260 millones de pesos para el programa de Universalización de la Jornada Extendida, destinado a fortalecer el sistema educativo provincial.

El resto de las partidas representa montos considerablemente menores: 25 millones para operativos estadísticos y apenas 21 millones para otros programas.

Los números son contundentes. Mientras el Gobierno nacional decidió prácticamente cerrar el grifo para obras públicas, gastos políticos y transferencias discrecionales tradicionales, mantuvo abierto el financiamiento de las áreas más sensibles vinculadas a la alimentación y la educación.

La tendencia incluso se profundiza cuando se analiza el acumulado de los primeros cinco meses del año.

Entre enero y mayo, La Rioja recibió 1.608 millones de pesos en transferencias no automáticas. De ese total, 999 millones fueron destinados a comedores escolares y otros 390 millones a la jornada extendida.

En otras palabras, más del 86% de todos los recursos discrecionales enviados por la administración de Javier Milei tuvieron como destino directo el sostenimiento de las escuelas y la alimentación de los alumnos riojanos.

El dato adquiere especial relevancia frente a las reiteradas declaraciones del quintelismo, que sostiene que la Nación no tiene interés por los comedores escolares o las necesidades básicas de la provincia.

Las propias planillas oficiales parecen desmentir ese relato.

Lejos de financiar estructuras políticas o gastos corrientes provinciales, el Gobierno nacional concentró los pocos fondos extraordinarios disponibles en garantizar que los chicos riojanos continúen teniendo acceso al almuerzo y la copa de leche en las escuelas públicas.

Con los Aportes del Tesoro Nacional prácticamente congelados y la obra pública reducida al mínimo, la relación financiera entre Nación y La Rioja quedó limitada a un esquema de asistencia focalizada, donde la prioridad no son los dirigentes ni la caja política, sino la contención alimentaria de miles de estudiantes.

Los números están sobre la mesa. Y muestran que, al menos en materia de comedores escolares, el relato de abandono absoluto choca de frente con la realidad de las transferencias oficiales.

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