La imagen de niños limpiando vidrios o vendiendo pan casero en los semáforos de la capital riojana se multiplica mientras el gobierno de Ricardo Quintela, reclama más giros a Nación y mantiene una maquinaria estatal que hoy consume casi todo el presupuesto. La propia Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI) admite que los casos detectados de chicos menores de 16 años en “trabajos de supervivencia” se duplicaron en apenas un año, síntoma brutal de una economía provincial que se hunde y de fondos públicos que no llegan a la infancia.
Infancia relegada: el mapa del trabajo infantil en las calles
Los operativos de COPRETI encuentran a niños vendiendo golosinas o acompañando a sus padres limpiavidrios a plena madrugada, expuestos al frío, al tránsito y a la violencia urbana.
“Si el año pasado eran cinco o seis chicos, ahora son el doble”, explicó la coordinadora Alejandra Kuti, quien reconoce que la mayoría de las familias no tiene opciones de cuidado ni empleo registrado.
Salud, educación y niñez abren expedientes, citan a los tutores y, cuando éstos no cumplen, elevan el caso a la Justicia para restituir derechos que el propio Estado provincial vulnera con su inacción.
Fondos nacionales: de la victimización al despilfarro
Legisladores opositores advierten que la Provincia recibió en los primeros días de 2025 transferencias automáticas 230 % superiores a las de 2024, dato que desarma el relato de “ahogo” financiero y exhibe problemas de administración, no de caja.
La Rioja supera el 60 % de pobreza infantil, por encima del ya alarmante 55,4 % nacional calculado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina. Cáritas advierte sobre una “cronificación” de la pobreza y un déficit creciente de recursos para asistencia básica, mientras los chicos abandonan la escuela para ayudar a sostener la mesa familiar.
Cuando el Estado prioriza multiplicar cargos políticos y pelear por más coparticipación, los niños quedan atrapados entre la miseria y la calle. El trabajo infantil no es sólo una consecuencia de la crisis: es la prueba más cruel del fracaso de una dirigencia que convirtió la pobreza en sistema y el asistencialismo en coartada. La Rioja necesita menos «campañas politicas» y más escuelas abiertas, menos deuda disfrazada de gastos clientelares y más empleo adulto genuino. Porque cada chico que limpia un parabrisas para sobrevivir es un voto de desconfianza al futuro que la política provincial dice defender, pero cada día posterga.





