Por la redacción de Riojalandia
El gobernador Ricardo Quintela anunció este lunes que en julio los trabajadores estatales recibirán un “aumento” salarial, el cual llegará en la tradicional “quincenita”. También confirmó el pago del medio aguinaldo, intentando llevar algo de calma a un sector público asfixiado por años de sueldos de miseria.
Sin embargo, lejos de significar una verdadera mejora para los empleados estatales, el anuncio no es más que un nuevo “estímulo” en negro, que no se incorpora al básico, no genera aportes jubilatorios y perpetúa la precarización del salario. Quintela lo llama “sostener el poder adquisitivo”, pero en la realidad, es otra bofetada a docentes, enfermeros, administrativos y trabajadores esenciales que vienen viendo cómo su ingreso se evapora ante una inflación imparable.
“Estamos buscando lo mejor que se puede dar”, dijo el mandatario. Pero la evidencia es clara: lo que se da es lo mínimo posible, no por falta de recursos, sino por decisión política. La Provincia sigue recibiendo millonarias transferencias nacionales vía ATN, fondos educativos y coparticipación, además de haber obtenido en los últimos años miles de millones en bonos y fondos discrecionales. Sin embargo, ese dinero no se traduce en sueldos dignos, ni en mejoras estructurales para los trabajadores.
Mientras tanto, Quintela apunta sus críticas al presidente Javier Milei, acusándolo de “asfixiar a las provincias” y de querer que “se incendien”. Pero ¿qué ha hecho el gobierno provincial para evitar ese incendio? Poco y nada: ni recomposición salarial real, ni pase a planta, ni blanqueo de adicionales, ni paritarias transparentes. Lo que sí ha sobrado es propaganda, escenografía y discursos huecos.
La promesa de un “incentivo” en julio, disfrazada de aumento, no es más que una maniobra de contención social con olor a campaña. Una medida pensada para apagar el descontento creciente, pero que no responde al reclamo central: salarios dignos, estables y en blanco.
En lugar de seguir anunciando dádivas temporales y bonos sin derechos, el gobierno debería garantizar ingresos que cubran la canasta básica y dignifiquen el trabajo estatal. Pero, al parecer, para Quintela eso es secundario. En su relato, el problema siempre es otro: la Nación, la crisis, Milei. Nunca su propia administración.
Mientras los trabajadores estatales siguen empobreciéndose mes a mes, en Casa de las Tejas se siguen vendiendo espejitos de colores. Y lo más grave es que ya ni siquiera los envuelven con vergüenza.




