LA RIOJA — En una muestra más de aislamiento ideológico y desconexión con las necesidades reales de la provincia, el gobierno de Ricardo Quintela se opone tenazmente a la incorporación de antenas de Starlink en los establecimientos educativos rurales. Bajo la excusa de defender un monopolio estatal ineficiente y burocrático, la administración provincial le da la espalda a la modernidad, mientras miles de riojanos ya adoptaron la tecnología satelital para sortear las falencias de la conectividad local.
El dato más revelador —y que desnuda la doble vara de la política provincial— es que entre esos usuarios figuran también diversos funcionarios del propio gobierno de Quintela, quienes en su vida privada o profesional eligen la eficiencia y la velocidad de Starlink que el Estado no puede garantizar con sus herramientas tradicionales.
El acuerdo impulsado por el Gobierno nacional liderado por Javier Milei prevé la distribución de 6.000 kits de internet satelital en escuelas rurales y zonas aisladas de todo el país, con una inversión cercana a los US$22 millones. Sin embargo, en La Rioja, la secretaria de Gestión Educativa, Zoraida Rodríguez, salió a cuestionar la medida. Fiel al relato kirchnerista y provincialista de atrincherarse en el Estado, defendió el esquema de la empresa estatal Internet Para Todos y de ARSAT, asegurando insólitamente que el 80% de las escuelas rurales ya están cubiertas.
La realidad en las aulas y en los parajes más alejados, no obstante, contradice el discurso oficial. Mientras la casta política local prioriza el control ideológico de los servicios por sobre la educación de los chicos, la revolución tecnológica avanza por fuera de los escritorios estatales.
La rebelión silenciosa: hasta 10.000 terminales en suelo riojano
Lejos de los dogmatismos del quintelismo, el mercado y las necesidades geográficas hablan por sí solos. A nivel nacional, el servicio de Elon Musk superó los 700.000 usuarios y apunta al millón. En La Rioja, estimaciones del sector privado calculan que ya operan entre 6.000 y 10.000 terminales activas en manos de productores, particulares, empresas turísticas de zonas alejadas y emprendimientos rurales.
¿Ideología o futuro para los alumnos?
La pregunta que sobrevuela el territorio riojano es lapidaria para la gestión provincial: si el servicio de Starlink es útil para particulares, empresas e incluso funcionarios públicos, ¿por qué se le niega caprichosamente a una escuela rural que sufre cortes constantes y baja velocidad?
Para un alumno o un docente de un paraje a cientos de kilómetros de la capital, los eslóganes políticos sobre soberanía tecnológica importan poco frente a la necesidad concreta de una conexión estable para estudiar, investigar y capacitarse.
Mientras el Gobierno provincial gasta energías en bloquear la innovación por puro capricho político, la sociedad riojana demuestra que prefiere la libertad de elegir herramientas eficientes antes que someterse a un sistema público obsoleto y politizado.





