La concejal denunció presiones políticas, cuestionó el abandono de los barrios y aseguró que fue expulsada por negarse a avalar un discurso que no refleja la realidad de los vecinos. Su ruptura con el sector del viceintendente Daniel Miranda abre una nueva etapa en la política de Chepes y deja al descubierto las tensiones internas del oficialismo.
La política de Chepes atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión institucional luego de que la concejal Shamira Abdala oficializara su ruptura con el espacio político vinculado al viceintendente Daniel Miranda, denunciando prácticas de disciplinamiento político y cuestionando duramente la gestión local alineada con el quintelismo.
La edil aseguró que su alejamiento no fue una decisión personal sino la consecuencia de haber priorizado los reclamos de los vecinos por encima de las directivas partidarias.
“Me sacaron la roja por estar a favor de lo que la gente pedía”, afirmó.
La frase resonó con fuerza en el escenario político departamental y se convirtió en una crítica directa a una estructura que, según Abdala, exige obediencia antes que compromiso con la ciudadanía.
Una denuncia que golpea al relato oficial
Durante declaraciones radiales, la concejal lanzó una de las críticas más contundentes que haya recibido la gestión local en los últimos tiempos.
“No podés salir en un video diciendo que Chepes está hermoso
cuando la realidad es otra”.
Para Abdala, existe una enorme distancia entre la imagen que el oficialismo intenta mostrar y las condiciones que enfrentan diariamente cientos de familias en distintos sectores del departamento.
La edil denunció que cuando funcionarios provinciales visitan la ciudad son guiados por recorridos cuidadosamente seleccionados, mientras permanecen ocultos los problemas estructurales que afectan a numerosos barrios.
Calles deterioradas, falta de infraestructura básica y servicios insuficientes forman parte de una realidad que, según sostuvo, no aparece en los discursos oficiales ni en las campañas de promoción institucional.
“No me van a manejar”
La ruptura también dejó al descubierto diferencias profundas sobre la forma de ejercer la representación política.
Abdala aseguró que se negó a acompañar decisiones con las que no estaba de acuerdo y cuestionó la lógica de subordinación interna que, según afirmó, impera dentro del espacio oficialista.
“Cuando sabés que algo está mal, no podés actuar como si estuviera bien. A mí no me van a imponer qué votar”.
La concejal sostuvo que la función pública debe estar guiada por la coherencia y el sentido común, y no por órdenes partidarias o acuerdos cerrados entre dirigentes.
Sus declaraciones representan un fuerte cuestionamiento a una estructura política que durante años concentró poder en la provincia bajo el liderazgo del gobernador Ricardo Quintela, cuya gestión ha sido cuestionada por sectores opositores por la falta de respuestas a problemas históricos en distintos departamentos riojanos.
El fin de una alianza
La decisión de modificar el nombre y la identidad de su bloque unipersonal marca un punto de no retorno.
Con esta medida, Abdala eliminó cualquier vínculo político con el espacio que la llevó al Concejo Deliberante y ratificó que continuará su tarea legislativa de manera independiente.
La concejal afirmó sentirse decepcionada por quienes prometían una política cercana a la gente y terminaron, según su visión, alejándose de las verdaderas necesidades de los vecinos.
“Me sentí estafada por el oficialismo”.
La frase resume el nivel de desgaste de una relación política que terminó explotando públicamente.
Una voz incómoda para el poder
Mientras el oficialismo intenta sostener un discurso de gestión y progreso, la aparición de voces críticas desde adentro de su propia estructura representa un desafío político significativo.
La salida de Abdala no solo implica la pérdida de una banca aliada para el sector de Miranda, sino que también instala interrogantes sobre el malestar existente dentro de espacios que hasta hace poco acompañaban sin cuestionamientos las decisiones del poder local y provincial.
En un contexto de creciente demanda social por transparencia, obras y respuestas concretas, la concejal decidió tomar distancia de lo que considera una política basada en relatos y actos de promoción.
Su mensaje apunta directamente a una parte de la dirigencia riojana que, según denunció, busca mostrar una realidad idealizada mientras los problemas cotidianos continúan afectando a miles de ciudadanos.
La ruptura ya está consumada. Y en Chepes, las repercusiones recién comienzan.





