Cristian Pérez dijo que un diputado provincial cobra una base cercana a $1,9 millones y que con ese ingreso “cuesta sostener una familia”. En septiembre, un empleado público de categoría 15 cobra alrededor de $830.000, incluyendo quincenita y Chachos. La comparación abre otra discusión: salarios, privilegios, patrimonio y transparencia de quienes administran los recursos públicos.
La frase de Cristian Pérez cayó en un terreno especialmente sensible: el bolsillo de los riojanos.
El presidente del Bloque Justicialista en la Legislatura provincial afirmó que un diputado tiene una remuneración base de alrededor de $1.900.000, a la que pueden sumarse adicionales por título profesional y por distancia. El propio legislador explicó además que, en su caso, percibe un adicional por traslado debido a que reside en Chepes.
Pérez también sostuvo que “cuesta sostener una familia” con ese ingreso y que “de la política no se puede vivir”. Según explicó, los diputados del interior deben afrontar gastos de traslado y además responder a una fuerte demanda social en sus departamentos.
El problema aparece cuando esa afirmación se pone frente a los números del trabajador estatal que sostiene buena parte de la estructura pública riojana.
La comparación que incomoda
De acuerdo con un relevamiento publicado en septiembre, el salario mínimo de un empleado público de planta permanente, categoría 15, se ubica en $830.000, incluyendo la quincenita y los $50.000 en Chachos.
En otro ejemplo, un trabajador de categoría 21, con título profesional y 12 años de antigüedad, cobra actualmente $967.937, también incluyendo la quincenita y los Chachos.
La diferencia con la cifra mencionada por Pérez es significativa:
| Comparación | Ingreso mensual |
|---|---|
| Diputado provincial: base informada por Cristian Pérez | $1.900.000 |
| Empleado público categoría 15 | $830.000 |
| Empleado público categoría 21, con título y antigüedad | $967.937 |
| Diferencia diputado vs. categoría 15 | $1.070.000 |
| Diferencia diputado vs. categoría 21 | $932.063 |
Tomando esos valores como referencia, los $1,9 millones representan unas 2,3 veces el salario de un empleado de categoría 15 y prácticamente el doble del ingreso de un trabajador de categoría 21 con título y antigüedad.
Y hay otro detalle que no debería perderse de vista: los $1,9 millones mencionados por Pérez corresponden a una base, a la que pueden incorporarse adicionales. En cambio, los salarios estatales utilizados en la comparación ya incluyen conceptos como la quincenita y los Chachos. Por eso, la comparación debe tomarse como una referencia y no como una liquidación idéntica entre ambos casos.
La pregunta de fondo no es solamente cuánto cobran
La discusión tampoco debería quedarse en la indignación por una frase.
Pérez integra el Bloque Justicialista, que es la bancada mayoritaria de la Legislatura, y recientemente defendió desde ese espacio el aporte extraordinario aplicado a grandes empresas para financiar comedores escolares y tarjetas alimentarias.
En ese contexto, aparece una pregunta perfectamente válida para cualquier funcionario que administra recursos públicos:
¿Cuánto cobran exactamente los legisladores, qué adicionales reciben y qué información patrimonial está disponible para que la sociedad pueda controlarlos?
El propio sitio oficial de Transparencia de la Provincia publica información sobre actividades y bienes de miembros del Gobierno, altos cargos y personal eventual, pero la sección consultada no exhibe un registro equivalente de declaraciones patrimoniales de los diputados provinciales.
Eso no demuestra irregularidad alguna. Tampoco permite sostener que exista un enriquecimiento injustificado. Pero sí deja planteado un reclamo elemental de transparencia: que los ciudadanos puedan conocer con claridad qué ingresos reciben sus representantes, qué actividades privadas desarrollan y cómo evolucionó su patrimonio durante el ejercicio de la función pública.
Y allí aparecen preguntas que merecen respuestas, sin acusaciones y sin condenas anticipadas:
¿Con cuánto patrimonio ingresó cada diputado y con cuánto llega hoy?
¿Existen propiedades, vehículos, sociedades o actividades empresarias declaradas?
¿Qué adicionales reciben además de la dieta?
¿Quiénes financian grandes eventos políticos, sociales o deportivos vinculados a dirigentes?
¿Y cuánto dinero público se destina directa o indirectamente a esas actividades?
Son preguntas de control ciudadano. No una acusación.
Mientras tanto, la otra realidad está en la calle
El Gobierno provincial informó en julio una nueva recomposición salarial de entre 14% y 15% para los trabajadores estatales, llevando la masa salarial mensual de unos $81.000 millones a aproximadamente $94.000 millones.
Pero los números individuales siguen mostrando una realidad muy distinta según la categoría y la antigüedad. Y muchos trabajadores no solamente tienen que pagar alimentos, alquiler, transporte, servicios y medicamentos: también cargan con la incertidumbre de un esquema salarial que incorpora conceptos como los Chachos, cuya integración definitiva al salario fue anunciada para fin de año.
Por eso, cuando un dirigente dice que $1,9 millones no alcanzan para mantener una familia, el debate inevitablemente se traslada a la otra punta de la escala.
Porque si ese ingreso resulta insuficiente, ¿cómo hace una familia que vive con $830.000?
Y si casi $968.000 tampoco garantizan tranquilidad para un trabajador con título y doce años de antigüedad, la pregunta deja de ser política y pasa a ser profundamente social.
La discusión no debería ser quién tiene razón en una entrevista.
Debería ser algo mucho más sencillo: ¿cuánto gana cada funcionario, qué tiene, qué declara y qué puede controlar realmente el ciudadano sobre quienes administran su dinero?
Y ahora la pregunta es para los riojanos:
¿Qué piensa usted de que un diputado diga que $1,9 millones no alcanzan para vivir, mientras miles de empleados públicos deben organizar todo el mes con menos de la mitad?
¿Es una comparación injusta, una realidad económica que afecta a todos o una muestra de la distancia que existe entre la política y la vida cotidiana?
Los riojanos tienen la palabra.
FERNANDO BARRIOS – RIOJALANDIA





