Este lunes, el Tesoro nacional recibirá USD 2.000 millones por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), tras aprobarse la primera revisión del nuevo acuerdo EFF (Extended Fund Facility). La inyección de divisas, lejos de ser destinada a cubrir gastos corrientes o maquillar desequilibrios, tiene un destino claro: recomprar parte de las llamadas “Letras Intransferibles” emitidas por el Tesoro y alojadas en el balance del Banco Central (BCRA) desde 2006.
La maniobra es estratégica. Utilizando los Derechos Especiales de Giro (DEG) otorgados por el FMI, el Ministerio de Economía canjeará instrumentos sin valor de mercado por una mejora contable en la hoja de balance del BCRA, sin impactar en las reservas brutas. En criollo: se fortalece el corazón monetario del país sin perder poder de fuego.
Estas Letras Intransferibles fueron creadas durante el kirchnerismo como mecanismo de financiamiento cruzado entre el Tesoro y el BCRA. A lo largo de los años, se transformaron en un lastre para la contabilidad del Banco Central, reduciendo su solvencia. Cancelarlas representa una señal potente hacia los mercados y los organismos internacionales.
A su vez, se ajustaron las metas de acumulación de reservas: el FMI aceptó recortar en USD 5.000 millones el objetivo de reservas netas, adaptando el programa a la realidad económica. Luis Caputo, ministro de Economía, fue contundente: “No trabajamos con metas arbitrarias, sino con las que reflejan el funcionamiento concreto del programa”.



