sábado, mayo 16, 2026

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La provincia se ubica entre las cinco con peor capacidad de compra del país

Mientras el gobernador Quintela enfrenta una crisis política interna y fiscal, el bolsillo riojano sufre el ajuste silencioso de la inflación y los bajos ingresos.

Aunque la canasta de clase media en La Rioja no figura entre las más caras del país —con un valor promedio de $767.319 en octubre—, el drama está en el esfuerzo que implica poder llenarla. Según un informe de la consultora Analytica sobre el «Changuito Federal», los riojanos deben destinar el 30,8% de la suma de dos salarios promedio para cubrir ese consumo básico.

Esto coloca a la provincia en el puesto 21 de 24, con uno de los peores poderes de compra de la Argentina. Solo Misiones (31,4%), Tucumán (32,6%) y Santiago del Estero (32,7%) presentan una situación más crítica. En el extremo opuesto, Neuquén apenas necesita el 11,8% de dos sueldos promedio para llenar el mismo changuito.

La cifra es contundente: La Rioja está en el “Bottom Five” del poder adquisitivo nacional, pese a que su canasta no es la más costosa. Esto desnuda la fragilidad de los ingresos en una provincia donde ocho de cada diez trabajadores dependen directa o indirectamente del Estado.

Presión inflacionaria y desigualdad regional
El valor de la canasta riojana —ubicado en la mitad de la tabla nacional— quedó por detrás de Catamarca ($778.670) y por delante de Mendoza ($767.119). Sin embargo, lo que marca la diferencia no son los precios, sino los salarios: los sueldos públicos locales crecen por debajo de la inflación y sin margen para recomposición.

En un contexto de recortes de transferencias nacionales y eliminación de fondos claves como el Fondo Compensador del Transporte, el Gobierno provincial se vio obligado a aplicar tarifazos y a congelar la pauta salarial 2026 en apenas un 10%, profundizando la brecha entre ingresos y precios.

Desgaste político y desconfianza social
El golpe al bolsillo llega en el peor momento político para Ricardo Quintela, inmerso en una crisis de gabinete y enfrentado al Gobierno nacional en una guerra fiscal que parece no tener fin.

Dentro del peronismo riojano crecen las voces críticas que atribuyen parte del desgaste al intendente capitalino Armando Molina, señalado como responsable de la derrota electoral bajo el argumento de que la gente “plebiscitó la gestión municipal”.

Mientras tanto, Martín Menem y La Libertad Avanza capitalizan el descontento y se perfilan como la principal alternativa de oposición de cara a 2027.

El bajo poder de compra no solo refleja un problema económico, sino una fractura social y política. El “changuito vacío” se ha convertido en el termómetro más claro del desencanto riojano: un síntoma que ni el discurso federal ni las promesas de recomposición logran tapar.

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