Chamical vuelve a levantar la voz, pero esta vez no es por reclamos políticos ni por obras demoradas. Es por algo mucho más básico: el agua, el derecho esencial que el gobierno provincial y municipal insiste en prometer… pero no en garantizar.
Vecinos de distintos barrios denunciaron baja presión o directamente corte total del suministro, obligándolos a reorganizar su vida cotidiana para sobrevivir como puedan. Mientras tanto, Aguas Riojanas guarda silencio, sin emitir un solo comunicado que explique el motivo del faltante. Ni una advertencia, ni un plan de contingencia, ni una mínima señal de respeto hacia los usuarios.
¿No era que el problema estaba “resuelto”?
Lo indignante es que esta crisis no aparece de sorpresa. No es un accidente. Las autoridades provinciales y municipales anunciaron una y otra vez que el tema del agua ya estaba “solucionado” gracias a obras millonarias. Pero la realidad es clara:
las canillas siguen secas y las promesas siguen mojadas.
El pueblo organiza baldes mientras los funcionarios organizan discursos
Mientras las familias chamicalenses se levantan temprano para llenar bidones, tachos y botellas con lo poco que sale de los grifos, los funcionarios que deberían dar la cara se esconden detrás del silencio institucional.
Porque si el problema fuera realmente “excepcional”, ¿por qué nadie explica nada?
¿Dónde están las autoridades cuando más se las necesita?
Chamical exige respuestas, no excusas
El agua no es un lujo. No es un favor. Es un derecho. Y cuando se vulnera, hay responsables.
Los vecinos no piden milagros. Piden algo mucho más simple: que el Estado haga su trabajo.
Chamical ya no quiere discursos. Quiere agua.



