Tras años de desdoblamientos electorales que beneficiaron al oficialismo, el gobernador plantea la “concurrencia” de los comicios. El pueblo riojano, cansado de promesas, espera hechos.
REDACCION | RIOJALANDIA
En una jugada que muchos ya leen como un intento de recalibrar su estrategia en medio de una fuerte caída de imagen, el gobernador Ricardo Quintela sorprendió al pronunciarse a favor de unificar las elecciones provinciales con las nacionales. Lo hizo en declaraciones recientes, asegurando que “realizar dos campañas separadas no es conveniente”.
“Para mí, en una posición personal, las elecciones deben ser en forma concurrente”, dijo, agregando que “convocar dos veces a la ciudadanía desgasta”. Lo curioso es que durante su mandato, La Rioja siempre optó por el desdoblamiento electoral, una herramienta clásica del oficialismo para despegarse de los vaivenes nacionales y proteger su aparato en las urnas.
Pero ahora, con un contexto político adverso, un peronismo desgastado y un electorado que ya no respalda con la misma fuerza ni a Quintela ni a sus candidatos, el gobernador intenta dar un giro discursivo. Suena más a estrategia de supervivencia que a verdadera convicción democrática.
¿Cambio de reglas o maquillaje electoral?
La propuesta llega en un momento de tensión interna dentro del PJ riojano, que comienza a vislumbrar el riesgo real de perder terreno frente al hartazgo social y el surgimiento de nuevas figuras políticas. En ese clima, unificar comicios puede interpretarse como un intento de subirse al envión de una elección nacional, buscando arrastre de boleta para amortiguar el creciente rechazo popular.
A esto se suma el contexto económico: duplicar campañas electorales es costoso, y el Estado provincial no está en condiciones de seguir despilfarrando recursos cuando los sueldos no alcanzan, los hospitales colapsan y la pobreza golpea cada vez más fuerte.
El pueblo ya no se conforma con declaraciones
Lo cierto es que la palabra del gobernador ya no tiene el mismo peso que años atrás. Tras innumerables anuncios sin cumplimiento, promesas de progreso que nunca llegaron, y una gestión marcada por el clientelismo, la precarización y el enriquecimiento de unos pocos, los riojanos miran con escepticismo cada declaración oficial.
Unificar o no las elecciones no resolverá el fondo del problema: una dirigencia que ha priorizado sus intereses políticos sobre las necesidades reales de la provincia. El pueblo ya no quiere más maniobras electorales, quiere respuestas, transparencia y futuro.
Y si esta vez Quintela habla en serio, que lo demuestre con hechos y no con un nuevo cálculo de conveniencia. Porque el tiempo de las promesas vacías, al menos para el pueblo riojano, ya se terminó.





