jueves, mayo 14, 2026

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Salud en ruinas en el interior riojano: el Hospital de Chañar lleva más de seis meses sin funcionar

Mientras el gobernador Ricardo Quintela insiste en atribuir todos los males de La Rioja al gobierno nacional de Javier Milei, en el interior profundo de la provincia la realidad desnuda décadas de abandono, especialmente en el sistema de salud pública. Un ejemplo brutal es el Hospital Bartolomé Pérez, en Chañar, departamento General Belgrano, que lleva más de seis meses sin funcionar.

No es una exageración. No es una operación política. Es un hecho.

Desde hace medio año, el hospital está prácticamente cerrado. No hay atención normal, no hay respuestas y no hay alternativas para la población. Y lo más grave: este hospital no solo asiste a los vecinos de Chañar, sino que cubre a toda la zona rural, realizando controles médicos en los campos y atendiendo a familias que viven a kilómetros de cualquier otra institución sanitaria.

Hoy, esa red de contención está rota.

La causa es tan alarmante como inadmisible: falta total de estructura edilicia y el hundimiento de los pozos cloacales, una situación que convirtió al hospital en un edificio inutilizable. Como si se tratara de una postal del abandono, la atención se limita únicamente a urgencias, realizadas en el garaje. Sí, en el garaje. En pleno 2025.

El 19 de octubre, durante el acto aniversario del pueblo, la entonces ministra Tere Madera anunció públicamente que a partir del lunes siguiente comenzarían las obras de refacción. Fue un anuncio con micrófono, aplausos y promesas.
Hoy, meses después, no hay un solo ladrillo colocado. Ni uno.

Este caso expone una verdad incómoda: la crisis de la salud en La Rioja no empezó con Milei. La salud pública provincial es un desastre estructural desde hace décadas, producto de desidia, falta de planificación y anuncios que nunca se traducen en hechos. Cambian los gobiernos nacionales, pero el interior sigue esperando.

Chañar no pide privilegios. Pide lo básico: un hospital que funcione. Pide que la salud deje de ser una promesa de acto oficial y pase a ser una política real. Porque cuando el Estado se ausenta, la factura la paga la gente, y casi siempre la más vulnerable.

El relato se cae solo cuando la realidad habla.
Y en Chañar, la realidad grita abandono.

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