El verano aún no llegó y ya se encienden las advertencias en La Rioja. Remo Bolognesi, titular del Ente Único de Control de Concesiones y Servicios Públicos (EUCOP), reconoció públicamente que el sistema eléctrico provincial podría colapsar en varias localidades ante la ola de calor. Pero lejos de asumir responsabilidades por años de falta de inversión, el discurso oficial vuelve a apuntar hacia los usuarios: “Hay que hacer un uso racional de la energía”.
La lógica es conocida: el gobierno de Ricardo Quintela y la distribuidora estatal EDELaR trasladan la carga a los riojanos, pero poco explican sobre por qué —a pesar de tarifas cada vez más altas y millonarios subsidios girados durante años— el sistema sigue siendo frágil, inestable y desigual.
Boletas más caras, pero con el mismo servicio deficiente
Bolognesi admitió que la quita de subsidios nacionales impactará directamente en las boletas de luz. Es decir: los riojanos pagarán más. Sin embargo, no hay garantías de que ese aumento se traduzca en mejoras del servicio. Tampoco se informó si EDELaR destinará recursos a reforzar la infraestructura crítica.
El funcionario mencionó que el gobierno realiza “adecuaciones y mantenimientos”, pero al mismo tiempo reconoció que existen localidades que directamente no cuentan con un sistema de doble respaldo eléctrico, lo que implica que ante un corte no hay alternativa para restablecer el suministro. Palabras textuales: “Es la zona que más nos preocupa”.
Villa Unión, Pagancillo y Ulapes: los pueblos olvidados del sistema eléctrico
EDELaR sabe cuáles son los puntos vulnerables, pero no los resuelve. Las localidades de Villa Unión, Pagancillo y Ulapes siguen dependiendo de líneas débiles, con caídas de tensión constantes o sin redes anilladas que permitan respaldo en caso de falla.
En Ulapes, la solución improvisada es instalar grupos electrógenos “para mantener la tensión”. Una respuesta paliativa que se repite cada verano en lugar de avanzar hacia una infraestructura moderna y estable.
¿Hasta cuándo el discurso del “uso racional”?
La campaña oficial apunta a la “concientización ciudadana”. Pero la verdadera concientización debería empezar por las autoridades: no se puede pedir austeridad energética a los hogares mientras EDELaR mantiene una red obsoleta, con cortes frecuentes y sin transparencia sobre sus inversiones.
Los ciudadanos ya pagan caro —y pagarán aún más— por un servicio que sigue siendo ineficiente. La pregunta que el gobierno evita responder es simple: ¿quién controla a la distribuidora estatal y dónde fueron a parar los recursos destinados a mejorar el sistema eléctrico?
Mientras EDELaR y el gobierno de Quintela piden paciencia, el calor avanza. Y con él, el temor de quedar —una vez más— a oscuras.



