A pesar del derrumbe general de las transferencias no automáticas a las provincias, La Rioja volvió a recibir asistencia directa de la Nación para sostener comedores, salud y programas educativos. Sin embargo, mientras el gobierno nacional cumple con el envío de recursos, surgen críticas al manejo que hace la administración de Ricardo Quintela, que no logra traducir esos fondos en soluciones visibles para la población.
En septiembre, la provincia recibió $1.124 millones, un monto que la coloca entre las jurisdicciones más asistidas del país gracias a los siguientes aportes:
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Comedores escolares: $775 millones
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Salud pública: $114 millones
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Educación técnica: $64 millones
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Otros programas: $171 millones
En un contexto donde las transferencias nacionales cayeron un 56,1% interanual en términos reales, La Rioja logró sostener el flujo de fondos gracias a programas sociales y sanitarios. Según el informe de Politikon Chaco, el acumulado del año asciende a $11.893 millones, lo que representa un aumento real del 191,4% respecto de 2024.

Nación cumple, pero la provincia no transparenta
Pese al refuerzo, los cuestionamientos apuntan al gobierno provincial y a la falta de claridad sobre cómo se ejecutan los fondos. Los comedores escolares siguen denunciando demoras, mala distribución y escasez de insumos, incluso con cifras millonarias asignadas directamente al área.
Tampoco hay información precisa sobre el impacto del dinero girado para salud y educación técnica, ni se conocen informes públicos que detallen su uso. La administración de Quintela no ha mostrado mejoras proporcionales en infraestructura educativa, asistencia alimentaria o sistemas sanitarios, lo que alimenta sospechas de desvíos, subejecución o discrecionalidad política.
Una provincia dependiente, pero sin planificación
Aunque el flujo de fondos nacionales permitió evitar un colapso social, la provincia no ha avanzado en una política propia para complementar esa asistencia. La caída del 94,3% respecto de 2023 evidencia que, sin el acompañamiento de Nación, el sistema provincial estaría en situación crítica.


Mientras otras jurisdicciones aprovechan los giros para reforzar programas y mejorar la gestión, La Rioja arrastra problemas estructurales que no se resuelven: escuelas con carencias alimentarias, hospitales sin insumos y mecanismos de control casi inexistentes.
Quintela, sin rendición de cuentas
La falta de transparencia no es nueva: el gobierno provincial suele anunciar los fondos que llegan, pero no explica cómo se aplican ni quién controla su ejecución. En lugar de mostrar resultados, la gestión apela al discurso de la emergencia para justificar la ausencia de políticas propias.
El contraste es claro: Nación envía dinero aún en un contexto de recortes, mientras la provincia administra con opacidad, sin planificación y sin rendiciones públicas. El problema no es la ayuda: es cómo se usa, quién la distribuye y por qué los beneficiarios siguen sin ver mejoras concretas.



