El discurso del ministro de Producción, Ernesto “Harry” Pérez, volvió a encender la polémica en La Rioja. Con tono desafiante, acusó al Poder Judicial de estar infiltrado por “topos libertarios” y de favorecer a La Libertad Avanza, mientras su propio gobierno multiplica designaciones de familiares y dirigentes en los cargos más sensibles de la Justicia provincial.
La contradicción es evidente: Pérez embiste contra los jueces Claudio Ana, Luis Brizuela y Claudio Saúl —todos designados antes del actual oficialismo—, pero guarda silencio frente al avance del quintelismo, que ya logró colocar a Karina Becerra, su propia esposa,la sobrina del gobernador Ricardo Quintela, consolidando así un esquema familiar de control en el Tribunal Superior de Justicia, y a Gabriela Asís, ex ministra de Justicia.
El dedo del poder en la Justicia
La estrategia quintelista es clara: controlar el Poder Judicial, disciplinar a los magistrados incómodos y garantizar impunidad política a través de un esquema de parientes y operadores fieles al oficialismo. Mientras tanto, Pérez intenta instalar un relato que acusa de “connivencia con libertarios” a quienes no se alinean con el gobierno.
Incluso, el ministro llegó al extremo de exigirle públicamente al presidente del TSJ, Claudio Ana, que “acalle la boca de su hija”, una declaración que no solo expone su autoritarismo, sino también el desprecio por la libertad de expresión y la independencia institucional.
Familiares, operadores y la doble vara
Mientras denuncia supuestas “irregularidades”, Pérez omite que el oficialismo riojano convirtió al TSJ en un tablero político-familiar: su esposa como jueza, la sobrina del gobernador como presidenta del Tribunal y una ex funcionaria de confianza sentada en otro sillón clave.
El resultado: un Poder Judicial bajo sospecha, cada vez más subordinado a los intereses del Ejecutivo.
La Justicia, rehén de la política
Los dichos de Pérez dejan en claro que, lejos de defender una Justicia independiente, el oficialismo pretende usar el sistema judicial como herramienta partidaria y escudo familiar.
La caradurez del ministro es denunciar infiltraciones políticas en la Justicia, mientras su propio espacio político la transformó en un feudo de amigos y parientes.
En La Rioja, el quintelismo repite la fórmula más vieja del poder: hablar de “independencia judicial” mientras la pone bajo llave en manos de la familia gobernante.
Por Fernando Barrios – RIOJALANDIA



