Chamical vuelve a ser noticia, pero no precisamente por gestión municipal. Esta vez, fue la empresa privada Micar la que decidió tomar cartas en el asunto y reparar, con sus propios medios, la calle lateral a su local comercial, una arteria que llevaba años llena de baches, pozos y promesas vacías.
Mientras el municipio mira hacia otro lado, los vecinos aplauden el gesto de esta firma local que —sin obligación alguna— invirtió tiempo, recursos y personal para mejorar una calle que debería haber sido mantenida por la Intendenta Dora Rodríguez.
La postal es clara: una empresa privada arreglando lo que el Estado municipal abandonó, y una gestión que prefiere los actos políticos, las fotos y los discursos antes que ocuparse de lo esencial.
“Nos cansamos de pedir arreglos. Pasan los meses y nadie hace nada. Tuvieron que venir los de Micar a tapar los baches porque era intransitable”, contó un vecino de la zona, indignado por la falta de respuestas del municipio.
Lo ocurrido expone la desidia y la falta de planificación urbana de una gestión que parece más concentrada en la rosca política que en las necesidades básicas de Chamical. No se trata solo de una calle: es el reflejo de una ciudad que se mantiene en pie gracias al empuje de su gente, no por el trabajo del gobierno local.
Mientras tanto, Micar dio una lección de civismo y compromiso. Con su iniciativa, demostró que la acción privada puede ser un motor de transformación, incluso cuando el Estado se ausenta. Un ejemplo alineado con la filosofía de la nueva Argentina que impulsa el presidente Javier Milei, donde se promueve la responsabilidad individual, el esfuerzo propio y la cooperación ciudadana por encima del clientelismo y la dependencia estatal.
Resulta irónico que, mientras la intendenta Dora Rodríguez habla de “gestión para el pueblo”, sean los propios ciudadanos y emprendedores quienes deban hacerse cargo de lo que debería garantizar el municipio: calles transitables, limpieza y servicios básicos.
En Chamical, los hechos hablan más fuerte que los discursos. Y hoy, el silencio del municipio contrasta con el sonido de las máquinas privadas trabajando donde el Estado decidió no estar.
Una vez más, el sector privado le da una lección de compromiso y eficiencia al gobierno quintelista, demostrando que cuando el Estado falla, el ciudadano actúa.



