jueves, mayo 14, 2026

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Crisis en el corazón del poder: el quintelismo teme perder la Capital y desata una interna feroz

El peronismo riojano se sacude por dentro. La Capital, principal bastión electoral de la provincia, se volvió el talón de Aquiles del oficialismo, que comienza a asumir lo impensado: la posibilidad real de una derrota en las legislativas de octubre. En los pasillos del poder, ya no se habla de reelección, sino de contención de daños y de cómo evitar que el castillo de naipes se derrumbe de golpe.

La preocupación no es sólo electoral. Es existencial. En las reuniones de la cúpula quintelista se empieza a mencionar —con incomodidad— el fantasma de la salida del poder. La caída en las encuestas, el desgaste de gestión y el hartazgo social son una combinación explosiva que ni el aparato ni el relato logran ocultar.

Crecen las voces que exigen renovación, pero el oficialismo responde con más cerrazón. En vez de abrir, se cierra: desalienta listas alternativas, amenaza con sanciones internas y apuesta al disciplinamiento político para evitar la sangría. La consigna en Casa de las Tejas es clara: unidad a cualquier precio, aunque se quiebre por dentro.

En este contexto crítico, algunas figuras del oficialismo intentan sostener la agenda con propuestas que suenan desconectadas del termómetro real. La parlamentaria del NOA, Teresita Luna, propuso un Centro Recreativo Turístico y Social para el Norte Grande, destinado a niños y jubilados. Aunque bien intencionada, la iniciativa no logró despegar del plano discursivo y fue rápidamente opacada por la preocupación central: la posible caída del peronismo en la Capital.

 Porque la verdad es que todo el peronismo riojano sabe que si pierden Capital, pierden el relato, el control político y el liderazgo provincial. Y no sólo eso: abre la puerta a una reconfiguración del poder donde el quintelismo ya no tendría el timón ni el relato del “modelo riojano”.

Cada gesto, cada omisión, cada pelea interna, es leída hoy como parte de un escenario de implosión. La cuenta regresiva ya empezó, y el silencio incómodo que envuelve al oficialismo no es otra cosa que el ruido de un ciclo que se está agotando.

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