jueves, mayo 14, 2026

Top 5 de la semana

spot_imgspot_img

Notas relacionadas

Chalecos rojos, promesas negras: la precarización como modelo de gestión en La Rioja

Mientras el intendente Armando Molina posa para las cámaras celebrando “el compromiso” de los trabajadores que reacondicionan la Circunvalación Sur, en las sombras crece un drama laboral que el quintelismo ya no puede tapar con pintura ni pavimento: la precarización masiva del Estado. Los famosos “chalecos rojos” —símbolo de la informalidad institucionalizada— se convirtieron en el rostro de una bomba social que nadie quiere desactivar.

Son miles. No figuran en planta, no tienen estabilidad, no acceden a derechos laborales básicos. Son el motor de muchas obras públicas, pero también los más postergados. Fueron reclutados a lo largo de los años como mano de obra política, sobre todo en pandemia, con la promesa de un pase a planta que nunca llegó. El resultado: una masa salarial en negro que crece sin control y que ni la Provincia ni el Municipio pueden (ni quieren) regularizar.

El gobernador Ricardo Quintela y el intendente Molina los llaman “soldados del proyecto”. Pero en realidad son empleados descartables, mantenidos a fuerza de programas y contratos irregulares, que sirven más como herramienta electoral que como parte de una política de empleo digna. La falta de respuestas concretas, sumada a una economía provincial cada vez más comprometida, pone a estos trabajadores en una situación de vulnerabilidad extrema.

Lo más grave es que todos lo saben. Todos. Pero nadie lo dice en voz alta.

Mientras tanto, los discursos oficiales siguen celebrando obras “con sentido social”, mientras la verdadera deuda social —la de los trabajadores precarizados— sigue intacta. La gestión quintelista multiplica anuncios, pero evita hacerse cargo del elefante en la habitación: no hay recursos para pasar a planta a todos los “chalecos rojos”, y tampoco hay voluntad política de sincerar el desastre administrativo que ellos mismos crearon.

La calle murmura y los “chalecos” también. Porque los aplausos no se comen. Porque ya no alcanza con una foto ni con una remera roja. Porque la precarización, cuando se hace norma, deja de ser un problema técnico y se convierte en una elección política.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

ARTICULOS DESTACADOS

Publicidad 2