martes, mayo 5, 2026

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Cuando se defiende el golpismo, la democracia retrocede

La reacción del arco quintelista no fue una defensa institucional. Fue una descarga de artillería política. Tras las críticas y presentaciones judiciales contra la gestión de Ricardo Quintela, el oficialismo provincial salió en modo trinchera: insultos, descalificaciones y teorías de conspiración.

El ministro Alfredo Menem y la diputada Lourdes Ortiz eligieron el camino de la confrontación total. Hablaron de “cajeros del mileísmo”, de “podredumbre”, de operaciones judiciales y de periodistas ensobrados. No hubo autocrítica. No hubo explicación. No hubo datos. Solo ataque.

Blindaje o desesperación

Cuando un gobierno responde a denuncias con insultos, algo huele mal. La política no se fortalece gritando “desestabilización” cada vez que aparece una causa judicial. La legitimidad no es un escudo infinito. Haber sido electo no convierte a nadie en intocable.

Más preocupante aún es el doble estándar moral. Los mismos que hoy se rasgan las vestiduras hablando de democracia son quienes han tolerado —o justificado— agravios públicos, persecuciones políticas y escraches contra docentes, periodistas y ciudadanos que piensan distinto. ¿O ya nos olvidamos cuando desde el poder se trató de “vaga de mierda” a una maestra en pleno reclamo salarial?

La memoria selectiva es una especialidad del poder.

El relato del enemigo externo

El libreto es conocido: si hay crisis, la culpa es de Buenos Aires. Si hay denuncias, es una operación. Si la Justicia interviene, es persecución. Si la prensa publica, es ensobramiento. Siempre hay un enemigo externo conveniente.

Pero La Rioja no está en crisis por un tuit. Está en crisis por años de dependencia estructural, default sostenido y ausencia de transformación productiva real. Y eso no se tapa acusando a críticos de tener contratos de limpieza o seguros.

La pregunta incómoda

¿Por qué tanto nerviosismo?
¿Por qué tanto blindaje cerrado?
¿Por qué tanto ataque personal ante cada cuestionamiento?

Tal vez porque el problema no sea la crítica, sino que la sociedad empezó a perder el miedo. Empezó a preguntar. Empezó a mirar las cuentas públicas, los números, las prioridades.

Y cuando la ciudadanía despierta, el relato ya no alcanza.

Si el oficialismo provincial cree que cada denuncia es un ataque al “pueblo”, confunde gobierno con propiedad privada.

La Rioja merece transparencia, debate adulto y respuestas concretas. No barricadas discursivas ni cacerías simbólicas contra quienes piensan distinto.

Cuando un gobierno se encierra y solo escucha aplausos propios, el final nunca es bueno.

Fernando Barrios – Director de Riojalandia

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