Mientras Catamarca, Tucumán, Salta y Misiones arman una alianza legislativa para sobrevivir al látigo fiscal del Gobierno nacional, La Rioja vuelve a quedar aislada. El reacomodo político del Norte Grande deja un mensaje claro: quienes negocian tendrán financiamiento; quienes se encierran en trincheras ideológicas quedarán viendo pasar los recursos. Y en esa segunda lista, Ricardo Quintela ocupa un lugar privilegiado.
La movida que activará el catamarqueño Raúl Jalil —romper formalmente con el kirchnerismo para integrarse al nuevo bloque federal— no solo reconfigura el Congreso: redefine quién tendrá voz en las negociaciones del Presupuesto 2026 y quién quedará atado al destino del peronismo duro. Para La Rioja, la jugada tiene sabor a sentencia.
El Norte se agrupa; La Rioja mira desde afuera
El nuevo interbloque, impulsado por Gustavo Sáenz (Salta) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), funciona bajo una lógica simple: sumar fuerza colectiva para negociar obra pública, fondos compensatorios y oxígeno presupuestario. La regla es clara: “voto que vale, obra que llega”.
Todos se alinean por conveniencia. Menos La Rioja.
Mientras Catamarca, Tucumán y Salta preparan carpetas de pedidos millonarios, Quintela continúa abrazado a un relato de resistencia que ya no tiene retorno electoral ni peso institucional. En la práctica, se quedó sin interlocutores: ni dentro del peronismo nacional, que se achica, ni con una Casa Rosada que ya lo incluyó en el grupo de los “invalidados”.
El “paredón violeta” de Milei —la lista negra de gobernadores con los que no piensa negociar— tiene nombres fijos: Axel Kicillof, Gildo Insfrán, Gustavo Melella y, de manera cada vez más explícita, Ricardo Quintela.
El costo político del encierro
Los gobernadores dialoguistas ya asumieron que solos no sobreviven. Jaldo exige unos 50.000 millones en obras; Sáenz busca blindar sus cuentas; Passalacqua garantiza gobernabilidad si hay recursos. Todos entienden algo básico: negociar en bloque es la única forma de no quedar aplastados por el ajuste nacional.
La Rioja, en cambio, no solo carece de volumen legislativo —no tiene los 10 votos de Zamora ni los 7 de Jaldo— sino que además perdió la oportunidad de ser parte de una mesa donde los pedidos pesan y los acuerdos se cumplen.
El aislamiento político ya se siente: menos obra pública, menos fondos extraordinarios y un 2026 que se proyecta con presión fiscal creciente y ninguna promesa de asistencia.
Zamora juega solo y gana; Quintela juega solo y pierde
Gerardo Zamora, que nunca se somete a estructuras, seguirá negociando por su cuenta. Su poder territorial y legislativo le permite hacerlo. Su precio es alto, pero la Casa Rosada paga.
La Rioja no tiene ese poder ni ese lugar en el tablero. Y mientras el resto del Norte muta hacia un pragmatismo feroz, la estrategia riojana sigue siendo resistir sin herramientas, sin alianza y sin votos propios.
El mapa político cambió y La Rioja no se enteró
El nuevo bloque federal es más que una noticia legislativa: es la señal de que el Norte Grande dejó atrás el romanticismo del “proyecto nacional” y entró en la era del sálvese quien negocie.
De un lado están los que se alinean, discuten y obtienen recursos.
Del otro, quienes prefieren mantener discursos heroicos aunque eso signifique menos financiamiento, menos obra pública y más crisis fiscal.
Y hoy, lamentablemente, La Rioja quedó del lado que más caro paga: el de los que se quedan solos.



