Mientras crecen las críticas por la gestión provincial y el desgaste político del oficialismo, el ministro de Producción, Ernesto Pérez, eligió cerrar filas detrás del gobernador Ricardo Quintela y aseguró que los cuestionamientos del Gobierno nacional se deben a que “les duele su liderazgo”. Una defensa que abre más interrogantes que respuestas.
LA RIOJA.– En política, cuando un gobierno empieza a hablar más de conspiraciones que de resultados, suele ser señal de que algo no está funcionando. Esa fue la sensación que dejó la última defensa pública del ministro de Producción riojano, Ernesto Pérez, quien salió a respaldar al gobernador Ricardo Quintela con un argumento tan conocido como discutible: que las críticas provienen simplemente porque “molesta su liderazgo”.
En declaraciones al medio local Medios Rioja, el funcionario no dudó en apuntar contra el presidente Javier Milei. “A Milei le duele el liderazgo de Quintela”, lanzó, en un intento por instalar la idea de que el gobernador riojano se ha convertido en una figura incómoda para la Casa Rosada.
Sin embargo, el planteo del ministro abre un debate más profundo: ¿se trata realmente de un liderazgo que inquieta al poder central o de un relato político que intenta blindar a una gestión provincial cada vez más cuestionada por su desempeño económico, financiero e institucional?
La reelección que vuelve al centro de la escena
En medio de este contexto, Pérez también reavivó una discusión que genera fuerte polémica en la provincia: la posibilidad de que Quintela vuelva a competir por un nuevo mandato bajo la nueva Constitución riojana.
El ministro explicó que existe una interpretación jurídica según la cual el actual período debería considerarse como el primero dentro del nuevo esquema constitucional. En otras palabras, una lectura que abriría la puerta a una eventual reelección.
“La Constitución vigente habla del límite constitucional; en ese límite, Quintela estaría en el primer período”, sostuvo Pérez, atribuyendo esta postura a un grupo de juristas que respalda esa interpretación.
La afirmación no pasó desapercibida en el ámbito político local, donde muchos ven en este debate una estrategia para estirar los límites del poder provincial bajo argumentos legales que, como suele ocurrir en la política argentina, terminan acomodándose a las necesidades del momento.
La calle, el discurso y la construcción del relato
Pérez también intentó reforzar la figura del gobernador señalando que la gente “sale a la calle” y reconoce su coherencia política, destacando su posicionamiento frente al gobierno nacional y su cercanía con sectores sindicales como la Confederación General del Trabajo.
Pero la pregunta inevitable vuelve a aparecer: ¿ese supuesto liderazgo nace de una gestión sólida o de una narrativa política construida para resistir un contexto cada vez más adverso?
Mientras la provincia enfrenta tensiones económicas, conflictos financieros y debates institucionales, la defensa cerrada del ministro parece apuntar más a sostener el discurso oficial que a responder a los problemas de fondo.
Porque en política, el liderazgo no se proclama: se demuestra. Y en ese terreno, el gobierno riojano todavía tiene muchas cuentas pendientes.



