Mientras miles de riojanos luchan día a día por salir de la pobreza estructural que el propio gobierno alimenta con su ineficiencia, Gabriela Pedrali, diputada nacional y eterna beneficiaria del aparato estatal, parece haber encontrado en los planes sociales una plataforma de campaña permanente. Lo que para muchos son migajas disfrazadas de políticas públicas, para ella son oportunidades de marketing electoral.
A través de una intensa actividad en redes sociales, Pedrali no solo promociona viviendas, capacitaciones o apoyos a pymes. Promociona su figura, su nombre, su campaña. Lo hace bajo el escudo de programas financiados por el bolsillo de todos los riojanos, muchos de los cuales ni siquiera acceden a los beneficios que se publicitan con tanto entusiasmo digital.
El Plan Angelelli: ¿un derecho para el pueblo o una herramienta para perpetuarse?
La diputada no escatima esfuerzos para mostrarse en cada entrega de llaves, en cada foto con un vecino emocionado, en cada jornada de capacitación. Todo enmarcado en el Plan Angelelli, una política habitacional que pasó de ser una respuesta social a convertirse en la bandera proselitista de una candidata en busca de votos.
Incluso llegó a coordinar acciones con intendentes y ministros, al mejor estilo de un gabinete paralelo, sin que quede del todo claro si lo hacía como funcionaria nacional o como aspirante a continuar en el Congreso. ¿Dónde termina su función pública y dónde empieza el uso electoral del Estado?
Asistencialismo con fines de campaña
También promociona capacitaciones en oficios como soldadura, con supuesta «amplia salida laboral», sin ningún informe real sobre cuántos egresados consiguieron empleo formal. Pedrali vende sueños baratos en barrios que hace décadas esperan soluciones estructurales.
A esto se suma su defensa de instrumentos financieros como el FoGaPlaR, mostrándose en reuniones con ministros y empresarios, como si se tratara de la gran arquitecta del desarrollo riojano. Mientras tanto, las pymes locales siguen atrapadas entre la presión fiscal, la falta de crédito real y el ahogo burocrático.
¿Rendición de cuentas o apropiación del Estado?
Está claro que los funcionarios deben dar cuenta de su trabajo, pero la insistencia de Gabriela Pedrali en ponerse al frente de cada anuncio, cada entrega, cada plan, alimenta una narrativa peligrosa: que el Estado es de ella. Como si las viviendas, los créditos o las herramientas fueran favores personales y no derechos ganados con los impuestos de todos.
Y en este punto la reflexión es ineludible: ¿cuánta de esta hiperactividad es gestión real, y cuánta es campaña solapada disfrazada de compromiso social? La respuesta, por ahora, solo la conocen en el laboratorio electoral del quintelismo, donde la confusión entre Estado, partido y persona es total.
«Mientras unos entregan llaves, otros entregan la dignidad de un pueblo que merece oportunidades reales, no marketing electoral.» – Riojalandia



