La economía riojana vuelve a dar señales claras de su deterioro estructural. En medio de discursos vacíos, anuncios de obras sin impacto y un relato oficial que ya nadie compra, la realidad golpea con datos duros: La Rioja es la provincia que más cayó en exportaciones durante el primer semestre de 2025. Y no por poco: un alarmante 32,2% de desplome interanual, que la deja en el fondo del ranking nacional.
Últimos en exportar, primeros en improvisar
Según un informe de la consultora Politikon Chaco, La Rioja exportó apenas 66 millones de dólares entre enero y junio, lo que representa un insignificante 0,2% del total nacional. Solo Formosa y Corrientes exportaron menos. Un lugar en el podio de la decadencia productiva que no se explica solo por el contexto externo, sino por años de desinversión, estatismo improductivo y un modelo que prioriza la obra pública decorativa por sobre el desarrollo productivo real.
Mientras el país creció en exportaciones un 4% promedio, La Rioja retrocedió como nunca. Esta debacle no es producto de un solo sector: se desplomaron las manufacturas agropecuarias, las industriales y los productos primarios. Un golpe en seco a los únicos rubros que generan dólares genuinos en la provincia.
Un modelo agotado que no exporta, no genera empleo y subsidia precarización
El gobierno de Ricardo Quintela construyó su gestión sobre un relato de «sustitución de importaciones» y «fortalecimiento de la producción local», pero lo que muestran los números es otra cosa: una economía cerrada, subsidiada y cada vez más dependiente de fondos nacionales que ya no alcanzan.
El modelo riojano asfixia al sector privado con presión fiscal, impulsa fábricas estatales que no exportan ni compiten y multiplica planes sociales como forma de contención social. Mientras tanto, la política exterior y comercial brilla por su ausencia.
Las consecuencias están a la vista: menos divisas, menos empleo, más dependencia
Exportar no es solo vender al exterior: es generar empleo real, divisas para importar tecnología, inversiones para ampliar capacidad productiva y conectarse al mundo. Pero el oficialismo riojano eligió otro camino: cerrarse, sostener punteros, alimentar la precarización con «chalecos rojos» y financiar clientelismo en lugar de desarrollo.
El problema es que el dólar no se imprime en La Rioja. Y sin dólares, no hay futuro posible para una provincia que depende de Buenos Aires hasta para pagar sueldos.
¿Y ahora?
El gobierno provincial está frente a un abismo económico. Sin reacción, sin plan productivo y sin liderazgo. El modelo quintelista mostró su verdadero rostro: improductivo, ineficiente y aislado del mundo. En lugar de abrir mercados, abre más contratos precarios. En lugar de exportar, reparte bolsones.
El relato se agota. Y la provincia, si no cambia el rumbo, seguirá cayendo.
«La Rioja no exporta porque no produce, y no produce porque gobierna la política, no la economía. Exportar es crecer. Subsidiar para sobrevivir no es modelo: es resignación.» – Riojalandia




