Entre enero y julio, la provincia recibió $848.677 millones desde Nación, mientras que la recaudación propia cayó en términos reales. El Estado riojano sigue sin lograr autonomía financiera.
La dependencia de La Rioja respecto a los fondos nacionales no cede. En los primeros siete meses de 2026, la provincia acumuló ingresos por $952.489 millones, de los cuales una cifra alarmante de $848.677 millones provino directamente de la Nación. Esto significa que casi 9 de cada 10 pesos que maneja el gobierno provincial llegan desde el sistema federal, dejando al descubierto la fragilidad de una estructura fiscal que no logra despegar.
Los números son contundentes: la Coparticipación Federal aportó $710.190 millones, sumados a los $77.989 millones del Financiamiento Educativo. Mientras tanto, la recaudación propia, gestionada por la Dirección General de Ingresos Provinciales, apenas alcanzó los $103.812 millones. Un dato que preocupa es la caída real de estos ingresos locales: aunque nominalmente subieron un 17,5% respecto a 2025, la inflación del 33,8% los pulverizó, dejando una pérdida real del 12,2%.
La Rioja se mantiene como una de las provincias con mayor asistencia per cápita del país. Con una población de 383.865 habitantes, el ingreso acumulado por persona asciende a $2.210.874, una cifra que duplica con creces la media nacional. Sin embargo, este flujo constante de recursos no se traduce en una mayor independencia económica, sino que profundiza un modelo de gestión que depende casi exclusivamente de las transferencias automáticas.
El esquema tributario provincial sigue siendo rudimentario, con Ingresos Brutos concentrando el 78,1% de la recaudación propia, seguido muy de lejos por Automotor, Inmobiliario y Sellos. La falta de una política que fomente la actividad privada y fortalezca la capacidad de generar recursos genuinos condena a la provincia a un estancamiento financiero donde la autonomía es, por ahora, una utopía.





