En medio de una crisis que castiga a trabajadores, pymes y comercios, los números oficiales revelan una paradoja que incomoda: mientras la economía real se achica, la recaudación impositiva de La Rioja creció por encima de la inflación en 10 de los últimos 12 meses. Así lo muestra un informe del economista Diego Molina Gómez, actual secretario general de la Cámara de Diputados de la Nación. Pero la pregunta que nadie responde es: ¿a dónde va esa plata?
Según el análisis, la recaudación promedio mensual creció un 18% en términos reales. Es decir, mientras el poder adquisitivo cae, la presión fiscal sube y recauda más que nunca. El caso más llamativo es el del impuesto inmobiliario, que se disparó un 229% en términos reales, y el impuesto a los sellos, que aumentó un 125%. En otras palabras: los riojanos pagan más por sus propiedades, sus trámites y sus bienes, aunque vivan peor.
Menos ventas, más impuestos
Mientras el comercio cae y muchas persianas bajan, el impuesto a los ingresos brutos apenas creció un 8% real, el que refleja con mayor fidelidad la crisis en las ventas. Sin embargo, el gobierno compensó esa merma metiendo más la mano en el bolsillo de quienes tienen una casa o hacen un trámite.
En el último año, el peso del impuesto a los sellos y al inmobiliario se duplicó dentro de la recaudación provincial. Es decir, el Estado riojano se sostiene cada vez más exprimiendo al ciudadano común, en vez de generar una economía más dinámica o un sistema más progresivo.
El Estado recauda, pero no devuelve
La lectura oficial es que “se logró sostener el funcionamiento del Estado”, pero lo que no se dice es a costa de quién. Mientras la salud pública se deteriora, la educación atraviesa conflictos y los sueldos estatales pierden contra la inflación, el Estado provincial mejora sus arcas subiéndole los impuestos a los que menos pueden esquivar el sistema.
Con este modelo, el ciudadano paga más pero recibe menos. La recaudación bate récords, pero las calles están rotas, los hospitales colapsados y las escuelas sin recursos. Y encima, desde el oficialismo celebran los números como si fueran un logro.



