Cuatro personas detenidas, dos búnkeres desactivados, droga incautada y una historia que suena repetida: otra banda narco operando impunemente en la capital riojana hasta que una denuncia anónima movió el avispero. La Policía Federal desplegó el llamado Operativo «Las Misioneras» y logró frenar —por ahora— un circuito de venta de droga al menudeo que ya estaba consolidado en la ciudad.
Las proveedoras del litoral y los jefes locales
El nombre del operativo no es casual. La investigación reveló que dos mujeres oriundas de Misiones viajaban a La Rioja para concretar una transacción clave. La Federal las esperaba. Fueron interceptadas apenas pisaron suelo riojano. Lo que siguió fue un efecto dominó: con esa pista, se identificó a dos hombres locales que manejaban los búnkeres y distribuían la mercancía en los barrios.
Las edades de los detenidos dicen mucho: jóvenes adultos (25, 33, 38 y 45 años) que operaban con total conocimiento del circuito. Según fuentes judiciales, usaban domicilios como centros de acopio y distribución, en un esquema que, según se supo, ya venía operando hace meses, quizá años.
Escuchas, búnkeres y un millón en efectivo
Todo empezó con una denuncia anónima. Pero lo que siguió fue una investigación de libro: intervenciones telefónicas avaladas por la Justicia, análisis de datos, vigilancia encubierta, y el seguimiento preciso de los movimientos de la banda. DAJuDeCo participó activamente en el armado del rompecabezas.
El resultado: cuatro allanamientos simultáneos, en los que se secuestró más de un kilo de marihuana, celulares, balanzas de precisión, un auto, documentación clave y más de un millón de pesos en efectivo. ¿Recaudación de la semana o parte de algo más grande?
¿Golpe al narcotráfico o parche momentáneo?
La operación es celebrada como un “fuerte golpe al narcomenudeo”, pero deja al descubierto una realidad preocupante: La Rioja ya no es territorio de paso, sino plaza activa del narco. Y aunque esta red fue desbaratada, nadie en Tribunales se anima a decir que era la única.
El silencio, el miedo y la complicidad todavía flotan en los barrios. Mientras tanto, los búnkeres reaparecen con otros nombres y otras caras. Hoy fueron “Las Misioneras”. Mañana, quizá, “Los Porteños”, “Los Salteños”, o los que operan desde adentro.



