El gobierno riojano sumó este jueves una nueva bocanada de oxígeno financiero con el giro de $5.128 millones en transferencias automáticas por coparticipación. Sin embargo, detrás del número nominal aparece un dato que desnuda la fragilidad de las cuentas provinciales: La Rioja volvió a ubicarse por debajo del promedio nacional en crecimiento real de ingresos.

Una Provincia que siempre recibe… pero nunca despega
El Tesoro Nacional distribuyó $266.344 millones entre las provincias durante la última jornada hábil del 17 de octubre, acumulando más de $2,6 billones en lo que va del mes. A nivel país, el crecimiento real interanual de las transferencias fue del 15,2%, un alivio considerable en medio de la inflación persistente.
Pero cuando se ajusta por el verdadero poder adquisitivo de esos fondos, la foto cambia: La Rioja solo creció un 4,0% real respecto a octubre de 2023, por debajo del promedio nacional (5,3%), y muy lejos de jurisdicciones como Buenos Aires (8,4%) o CABA (5,9%).
| Jurisdicción | Variación real vs. 2023 |
|---|---|
| Total Nacional | 5,3% |
| Buenos Aires | 8,4% |
| CABA | 5,9% |
| La Rioja | 4,0% |
| Catamarca | 3,7% |
El “modelo presente” que vive de la coparticipación
La Rioja se sostiene —una vez más— gracias a la caja nacional. Con una economía local casi paralizada, sin motor productivo propio, y con un Estado provincial hiperconcentrado en el pago de sueldos y planes, la coparticipación sigue siendo el respirador artificial permanente del gobierno quintelista.
Incluso con una mejora real, la provincia crece más lento que el resto. Y eso revela otra realidad incómoda:
Cuando el Estado nacional afloja la mano, La Rioja tambalea. Cuando refuerza los giros, la Provincia apenas sobrevive. Nunca despega.
Un respiro… que dura hasta el próximo depósito
La administración de Ricardo Quintela podrá usar estos fondos para cubrir salarios y sostener servicios básicos, pero poco margen queda para inversión real, infraestructura o desarrollo. Más aún con las transferencias discrecionales congeladas y la obra pública nacional paralizada, que dejó a miles de trabajadores sin actividad.
El verdadero desafío ya no es cuánto recibe La Rioja, sino qué hace con lo que recibe
La coparticipación da alivio, pero la dependencia crónica evidencia un modelo agotado. Una provincia que vive de la asistencia jamás va a liderar su propio crecimiento.
El gobierno podrá exhibir el giro de fondos como un logro, pero los números lo contradicen: La Rioja no está mejor que los demás; apenas evita estar peor.



