Los números son contundentes y dejan en evidencia una década perdida: entre 2011 y 2022, la economía de La Rioja apenas creció un 0,7%. No es un error de cálculo, ni un problema metodológico. Es el resultado de una provincia que se quedó quieta mientras el resto del país, incluso en medio de crisis, avanzó.
Según un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario, La Rioja quedó prácticamente congelada en términos de Valor Agregado Bruto (VAB) —el indicador que mide la producción real de la economía— mientras otras provincias lograban desarrollarse a pesar del contexto nacional adverso.
El NOA avanza. La Rioja se mira el ombligo.
Comparando con sus vecinas del Norte Grande, la foto es todavía más cruda:
| Provincia | Crecimiento del VAB (2011-2022) |
|---|---|
| Santiago del Estero | 23,1% |
| Jujuy | 22,8% |
| Salta | 8,0% |
| Tucumán | 4,4% |
| La Rioja | 0,7% |
| Catamarca | -10,5% |
Mientras Santiago del Estero y Jujuy despegan con agroindustria, ganadería intensiva y minería del litio, y provincias como Neuquén multiplican su economía en más de 57% gracias a Vaca Muerta, La Rioja parece haber optado por la quietud, la dependencia del empleo público y la ausencia total de políticas productivas reales.
¿Modelo productivo o modelo clientelar?
El discurso oficial habla de “Estado presente” y “desarrollo provincial”, pero los indicadores muestran otra cosa: una provincia que no produce, no exporta y no genera empleo privado genuino. Donde la obra pública se usa para campañas políticas y el asistencialismo reemplaza a la inversión.
La Rioja logró evitar el rojo económico extremo como Catamarca o San Juan, pero estar en cero también es un fracaso cuando los demás avanzan. Porque el tiempo perdido no se recupera.
¿Quién se hace cargo?
Doce años sin crecimiento no es una casualidad: es una responsabilidad política. Significa que ninguna gestión provincial fue capaz de plantear un rumbo productivo serio. Ni en industria, ni en turismo, ni en energía, ni en tecnología.
La pregunta que el informe deja flotando es tan obvia como incómoda:
¿Hasta cuándo La Rioja seguirá siendo una economía sostenida por la coparticipación, los subsidios y los planes, mientras el resto del país genera riqueza?
La provincia necesita decisión política, inversión y un verdadero cambio de mentalidad económica. Porque si seguimos así, La Rioja no será solo una provincia estancada: será una provincia condenada a ver cómo los demás progresan desde el banco de suplentes.



