En cualquier provincia normal esto sería una bomba institucional. Pero en La Rioja ya parece parte del paisaje: se vendía cocaína dentro de una oficina del Ministerio Público de Defensa… y la Justicia no hizo absolutamente nada.
Hace dos meses, la Policía Federal allanó un sector trasero de la Defensoría General en calle Adolfo Dávila —frente al colegio Gabriela Mistral— y secuestró 4 kilos de cocaína. Dos detenidos: padre e hijo. Lo escandaloso: uno de ellos es empleado en el área de vigilancia del 911. Es decir, un funcionario de seguridad vendiendo droga desde una dependencia estatal.
¿El resultado? Fueron liberados rápidamente y hoy siguen trabajando como si nada. En La Rioja podés vender cocaína desde un escritorio del Estado… y ni siquiera te suspenden.
Testimonio clave: “Fui a pedir ayuda y estaban todos vendiendo”
El periodista Daniel López entrevistó a un adicto que fue a esa misma oficina a pedir ayuda para rehabilitarse. Y contó:
“Los conocí a todos por el consumo, todos vendían, todos consumían. Me sentí como un boludo y me fui”.
Más claro imposible: en lugar de contener a un adicto, lo recibieron en una narco-oficina estatal.
Piedrabuena y Carmona: garantes de la impunidad
Este caso no es aislado. Es parte de un sistema. Los nombres se repiten: juez Daniel Piedrabuena y fiscal Virginia Carmona, responsables de liberar a los detenidos y acumular causas pesadas que nunca avanzan:
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Narcotráfico en Villa Castelli.
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Causas Milani y Apóstolo.
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ONGs truchas.
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Y ahora, cocaína en oficinas públicas.
Si robás un paquete de fideos, vas preso. Si vendés cocaína desde una oficina del Estado, volvés al trabajo. Esa es la Justicia Federal de La Rioja.
Esto ya no es negligencia: es complicidad
Un Poder Judicial que protege a los delincuentes estatales no es justicia: es parte del delito.
Y cuando el narcotráfico se mete en el Estado y el Estado lo protege, ya no hablamos de corrupción: hablamos de narco-feudalismo.
La pregunta es simple:
¿Vamos a seguir mirando para otro lado o vamos a exigir que alguien caiga de verdad?
Porque si naturalizamos esto, el próximo kiosco de cocaína puede estar en cualquier oficina pública…



