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La Rioja sin relato: el bumerán comunicacional que le explotó en la cara a Ricardo Quintela

Redacción Riojalandia | Agosto 2025

Millones invertidos, cero credibilidad. La estrategia de redes, trolls y medios afines terminó creando un monstruo que ni el propio gobierno puede controlar.

 En seis años de gobierno, el oficialismo riojano invirtió millones de pesos del erario público en una maquinaria de comunicación cuya sofisticación solo rivaliza con su fracaso. Lo que se pensó como una epopeya de propaganda política digital, terminó siendo una tragicomedia de desconfianza, hartazgo y desprecio popular.

Porque mientras en el relato oficial La Rioja “despegaba”, en la vida real los trabajadores estatales seguían precarizados, los hospitales sin insumos y las escuelas cayéndose a pedazos. Y así, el tan promocionado “modelo riojano” resultó ser un espejo roto en el que ya nadie quiere mirarse.

Ficción millonaria, realidad miserable

El “modelo comunicacional” fue simple pero costoso: crear cientos de páginas falsas en redes sociales, comprar pauta a medios porteños alineados al kirchnerismo, y construir una narrativa de “progreso” en loop infinito. Todo eso con dinero público, por supuesto.

Desde carteles hasta drones, pasando por videos épicos y discursos impostados, todo fue parte de una gigantesca escenografía destinada a convencer a los riojanos de que vivían en una provincia próspera y moderna. Pero la ficción no resistió la prueba de la heladera vacía, ni del bolsillo roto.

Trolls, persecución y el precio de pensar distinto

Con el tiempo, el “Plan Comunicación” oficial empezó a mostrar su verdadera cara: una maquinaria de hostigamiento y persecución disfrazada de relato. Periodistas críticos, dirigentes opositores, docentes, médicos, incluso ciudadanos comunes fueron víctimas del bulling virtual, la difamación sistemática, la xenofobia encubierta y el escarnio público por parte de trolls quintelistas camuflados como vecinos preocupados.

Desde páginas anónimas hasta perfiles falsos, se dispararon campañas sucias, se editaron audios, se manipularon imágenes. ¿El objetivo? Aplastar cualquier voz que incomodara al relato oficial. Porque en La Rioja, pensar diferente te convierte en enemigo. Y ese enemigo, si no se somete, debe ser silenciado, escrachado o ridiculizado.

Cuando ni los anuncios convencen

El termómetro de este colapso comunicacional fue claro: el reciente anuncio de aumento salarial para empleados públicos, lejos de generar adhesión, provocó rechazo, enojo y hasta burla. Porque después de años de promesas incumplidas, bonos esporádicos y sueldos licuados por la inflación, la gente ya no cree, no escucha, no espera. La palabra del gobierno perdió valor. Y cuando un gobierno pierde la palabra, lo que viene es el vacío político.

El costo de no escuchar

La comunicación oficial ya no comunica. Solo repite eslóganes huecos, busca culpables ajenos y trata de encubrir con hashtags lo que no puede ocultar con gestión. La consecuencia es brutal: un pueblo descreído, una oposición fortalecida y una gestión que no encuentra eco ni siquiera entre los suyos.

A tres meses de las elecciones, el justicialismo riojano enfrenta su mayor desafío: sobrevivir al propio relato que construyó. Porque mientras los discursos hablan de futuro, la realidad de miles de riojanos grita presente… y no es con aplausos.

Cuando la comunicación deja de ser un puente con la sociedad para transformarse en un arma contra ella, el resultado no es poder, es aislamiento. Y esa es la soledad política que hoy comienza a abrazar a Ricardo Quintela, y todo su sequito de mentirosos seriales, rodeados de micrófonos, cámaras y carteles… pero cada vez más lejos de su pueblo.


Fernando Barrios – Redacción Riojalandia

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