viernes, mayo 15, 2026

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Quintela se calza la banda de “intendente” y convierte la Capital en su nuevo campo de batalla electoral

Entre encuestas adversas, malhumor social y un Armando Molina con menos pulso político que un maniquí, el gobernador revive su “Ciudad de los Sueños” y asume, de hecho, el control municipal.


Por Fernando Barrios – Riojalandia

En política, hay movimientos que huelen a estrategia y otros que apestan a desesperación. El caso de Ricardo Quintela en la Capital riojana parece pertenecer a la segunda categoría. Con las encuestas en rojo, el malhumor social en ascenso y un intendente Armando Molina que no logra encender ni la luz del semáforo, el gobernador decidió intervenir —sin papeles, pero con chequera— en el distrito más grande y decisivo de la provincia.

El plan es simple, al menos en el PowerPoint del oficialismo: reactivar la vieja promesa de la “Ciudad de los Sueños” y poner a circular fondos provinciales como si fueran calmantes electorales. En los pasillos de Casa de Gobierno lo llaman “gestión de proximidad”; en las calles de la Capital, muchos lo describen como “manotazo de ahogado con obra pública incluida”.

El “Molina problem”

Armando Molina, jefe comunal en funciones, es un problema que el quintelismo no logra resolver. Las encuestas lo muestran con una desaprobación alta y un desgaste que ni las gacetillas maquilladas pueden disimular. Cada pozo sin tapar, cada baldosa rota y cada promesa incumplida se acumulan como munición para la oposición, que sueña con arrebatarle al PJ la Capital en octubre.

Quintela lo sabe. Y en un año en el que Javier Milei ya pintó el distrito de violeta en la presidencial, perder la Capital sería más que un tropezón: sería un golpe al corazón del poder justicialista en La Rioja.

“Ciudad de los Sueños”, capítulo 2

La reaparición del proyecto “Ciudad de los Sueños” es, en realidad, el revival de una vieja postal de campaña. Obras de impacto visual, anuncios rimbombantes y promesas de modernización que, en teoría, deberían enamorar al electorado urbano. El problema es que la Capital no es la misma que hace años: hoy la inflación, la inseguridad y el deterioro de servicios básicos pesan más que cualquier render en 3D.

La pregunta es si un paquete de obras de último minuto —financiado con fondos provinciales— podrá revertir la sensación de abandono que se respira en cada barrio. Porque si algo dejó claro la última elección presidencial es que la gente está más dispuesta a votar contra alguien que a favor de algo.

Un duelo político de alto voltaje

Lo que se juega en la Capital es más que una elección municipal: es la supervivencia política del quintelismo. Quintela apuesta a que la billetera y la obra visible puedan torcer el clima social antes de que las urnas se abran. La oposición, con La Libertad Avanza envalentonada, busca convertir ese malestar en bancas legislativas y, por qué no, en el primer gran bastión opositor en 40 años.

La maniobra de “intervención virtual” no es nueva en política, pero sí arriesgada. Si funciona, Quintela podrá vender la imagen de un gobernador que “puso el cuerpo” por la Capital. Si fracasa, quedará como el mandatario que ni con el poder provincial a cuestas pudo rescatar a su intendente aliado.

En resumen, lo que vemos hoy es un duelo entre la billetera y el hartazgo. Entre un justicialismo que juega sus últimas fichas y una ciudadanía que, cada vez más, parece dispuesta a patear el tablero. En octubre sabremos si la “Ciudad de los Sueños” fue un puente hacia la victoria… o simplemente otra maqueta para el museo del marketing político riojano.

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