Mientras el gobernador de La Rioja repite en actos y reuniones la necesidad de ajuste, sacrificio y austeridad, una escena muy distinta se vivió en las últimas horas en el complejo Le Park, en La Quebrada. Allí, un casamiento de alto perfil, con smoking, vestidos de gala y despliegue de lujo, volvió a exponer una grieta cada vez más visible entre el discurso oficial y el comportamiento de parte de la dirigencia provincial.
La celebración tuvo como protagonista a María Emilia Santander, funcionaria vinculada al sistema de transporte estatal Rioja Bus, un área sensible por el volumen de fondos públicos que administra y por el nivel de subsidios que recibe. Entre los asistentes se destacó la presencia de Alcira Brizuela, secretaria de Transporte de la Provincia, quien incluso compartió imágenes del evento en redes sociales.
El contraste que incomoda
No se trata de cuestionar una boda ni una celebración privada. El problema es el mensaje público que dejan estas imágenes en una provincia donde miles de familias no llegan a fin de mes, el transporte funciona con deficiencias, las frecuencias se reducen y el costo del servicio golpea cada vez más fuerte el bolsillo.
Mientras los usuarios reclaman colectivos en condiciones y tarifas razonables, funcionarios ligados a la estructura del transporte aparecen celebrando con un nivel de gasto que no se condice con los ingresos que el Estado declara pagar.
Las imágenes muestran, entre otros, a Cristian Páez, director operativo del sistema de colectivos, vestido de gala como si se tratara de una alfombra roja. No es un actor ni un empresario privado: es parte del engranaje de una empresa estatal que funciona con recursos públicos.

¿Austeridad selectiva?
El dato político no pasa desapercibido: días atrás, el propio gobernador Ricardo Quintela habría pedido a su gabinete evitar fiestas, catering y ostentación. Sin embargo, el evento y la presencia de autoridades del área parecen desafiar abiertamente esa directiva.
En los pasillos del poder también se menciona el peso de vínculos personales y familiares dentro del esquema de Transporte, relaciones que, lejos de disimularse, parecen fortalecerse incluso en gestos públicos que contradicen la línea política que se intenta bajar desde arriba.
Preguntas que nadie responde
Las fotos ya circulan como símbolo de una desconexión creciente entre la dirigencia y la realidad social. Funcionarios que piden paciencia, comprensión y esfuerzo, pero que exhiben un estilo de vida que despierta interrogantes legítimos.
Las preguntas quedan flotando, y son inevitables:
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¿De dónde salen los recursos para este nivel de gasto?
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¿Los ingresos de los funcionarios están siendo controlados?
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¿Existe coherencia entre lo que se predica y lo que se practica?
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¿La austeridad rige solo para la sociedad y no para el poder?
En tiempos de crisis, las imágenes pesan más que los discursos. Y en La Rioja, una vez más, el contraste entre lo que se dice y lo que se hace vuelve a quedar expuesto.
por Fernando Barrios



