El Ministerio de Desarrollo Social de La Rioja recibió el año pasado casi $1.800 millones en tres transferencias del Gobierno nacional, destinadas a sostener los comedores escolares provinciales. Según datos oficiales difundidos el 8 de julio de 2025, los pagos realizados en abril, agosto y noviembre sumaron $1.797.441.910,20 —cada una de las transferencias fue de $599.147.303,40—
Alerta alimentaria: Debe haber resultados con tanto presupuesto
Este monto millonario se canalizó a través de una sola cuenta, según confirmaciones de Presidencia de la Nación. La medida refuerza el rol indispensable de los comedores en un contexto económico complejo, caracterizado por inflación persistente y aumento de la demanda social .
Pero la pregunta clave no es cuánto dinero llegó, sino qué impacto tuvo realmente en los chicos y familias riojanas. El quintelismo alega que la transferencia fue clave para garantizar el plato principal del día… pero desde la oposición advierten que debe existir transparencia total: ¿cuántos comedores aumentaron su capacidad? ¿Qué menú se entregó? ¿Se fiscalizó ese gasto real?
¿Papeles o platos llenos?
Un análisis crítico revela varias inconsistencias graves:
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Monto anual millonario vs. resultados opacos: $1.800 millones debieron implicar inversiones concretas; sin embargo, el cierre del ciclo 2024 dejó sin informes públicos detallados sobre el alcance real.
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Canal único, uso transparente: los fondos ingresaron en una sola cuenta bancaria; pero no hay rendición individual por comedor, escuela o municipio.
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Necesidad socioproductiva: el hambre se combate con transparencia e inversión directa; no alcanza con volcar cifras si esas luego no se traducen en tazas, viandas o mejoras en infraestructura escolar.
En La Rioja, donde el clientelismo estatal y la gestión opaca dejaron proyectos inconclusos —desde salud hasta educación—, estas transferencias representan una enorme responsabilidad. Con ese dinero debería verificarse: más cocinas, más equipamiento, más calidad nutricional… ojalá no hayan sido solo «milagro de papel».
Estado eficiente vs. burocracia corporativa
Para quienes creemos en la gestión pública eficiente, este caso plantea un desafío central: no se trata de pedir más recursos, sino de exigir que cada peso rinda. Queremos resultados medibles, raciones reales, un Estado que no gaste, sino que entregue soluciones.
A estas alturas, los riojanos no pedimos más discursos: queremos saber dónde y cómo se gastó cada centavo. Si no aparecen viandas, programas ampliados o infraestructura en comedores, ese dinero se convierte en otra caja vacía del aparato estatista.
La provincia necesita empezar a caminar hacia un modelo de transparencia radical, con mecanismos de control independientes, datos públicos y rendición comunitaria. El hambre no se resuelve con transferencias opacas, se resuelve con eficiencia y honestidad.
Por Fernando Barrios – Director de Riojalandia



