viernes, mayo 15, 2026

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Mientras La Rioja se deteriora, el intendente Molina convierte el izamiento de la bandera en su política de gobierno

La capital riojana enfrenta problemas crecientes de infraestructura, servicios colapsados y falta de obras, pero el intendente Armando Molina parece haber reducido su gestión a una postal diaria: izar la bandera y sacarse fotos. Lejos de presentar soluciones reales, el jefe comunal se refugia en actos protocolares que exhibe como logros mientras la ciudad se hunde entre baches, basura y abandono.

Ceremonias, fotos y agradecimientos… pero sin gestión

En su cuenta de X (antes Twitter), Molina publicó una imagen donde se lo ve izando la bandera junto al Consejo Profesional de Ingeniería, al que agradeció por “sumarse” a la construcción de una ciudad “segura, ordenada y limpia”. El mensaje habla de “ENTUSIASMO y RESPETO”, palabras que contrastan brutalmente con lo que viven los vecinos: calles rotas, barrios sin iluminación, transporte deficiente, basura acumulada y cero planificación urbana.

El intendente promete “planificación”, pero no hay obras visibles, no hay licitaciones relevantes, no hay políticas activas en los servicios básicos. La única actividad reiterada, casi diaria, es la misma: bandera, foto, y una frase grandilocuente en redes.

Una ciudad en crisis sin rumbo municipal

La falta de liderazgo y de gestión se vuelve cada vez más evidente. Mientras otras capitales provinciales negocian fondos, gestionan obras y articulan con Nación para resolver problemas estructurales, la Municipalidad de La Rioja quedó atrapada en el vacío político del quintelismo. El aislamiento del gobernador Ricardo Quintela repercute directamente en la gestión local, que tampoco abrió canales de diálogo ni buscó alternativas.

En vez de obras, hay actos. En vez de respuestas, publicaciones. En vez de planificación, consignas.

La bandera como metáfora del vacío

El izamiento del pabellón nacional es un símbolo valioso… cuando no reemplaza a la gestión. En este caso, se convirtió en el eje cotidiano de un gobierno municipal sin plan de acción y sin prioridades claras. Los problemas reales —seguridad, tránsito, cloacas, alumbrado, empleo— quedan relegados a un segundo plano frente a una agenda ceremonial.

Armando Molina aparece más como un maestro de ceremonias que como un intendente. Y mientras él posa para la foto, la ciudad sigue esperando soluciones que no llegan.

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