viernes, mayo 15, 2026

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Quintela deja a La Rioja aislada mientras el resto del país negocia inversiones y poder

Mientras gobernadores de todo el país se sientan con la Nación para asegurar obras, fondos e inversiones, Ricardo Quintela eligió el camino opuesto: el aislamiento. La estrategia, presentada como una postura “de resistencia”, parece estar más vinculada a su ambición presidencial para 2027 que a las necesidades inmediatas de los riojanos. El costo político y económico de esa decisión comienza a sentirse con claridad.

Una provincia dependiente sin diálogo ni acuerdos

La Rioja vive casi exclusivamente de la coparticipación federal. Sin recursos propios significativos y con un aparato estatal sobredimensionado, cualquier ruptura con la Nación pone en jaque el funcionamiento básico de la provincia. Aun así, Quintela se autoexcluyó de las negociaciones que otros gobernadores mantienen con el Gobierno Nacional para asegurar infraestructura, programas sociales, seguridad y salud.

Mientras Catamarca, Salta y Jujuy consolidan su peso en el Triángulo del Litio, y San Juan avanza con proyectos millonarios bajo el RIGI, La Rioja no aparece ni como socia ni como interlocutora. No hay presencia en las rondas de inversión, ni en los acuerdos que hoy marcan el rumbo económico del norte argentino.

Los otros sí negocian: La Rioja no

Gobernadores de distintos signos políticos entendieron que la confrontación permanente no genera resultados. Alfredo Cornejo, Rogelio Frigerio, Ignacio Torres y Claudio Poggi ya cerraron acuerdos clave para sus provincias: seguridad con Bullrich, programas sociales con Pettovello, obras públicas y financiamiento productivo con el gabinete nacional.

La Rioja, en cambio, quedó fuera de todas esas mesas. No hay anuncios de inversión, no se gestionan programas de infraestructura ni llegan fondos extraordinarios. Las visitas oficiales pasan de largo porque no hay diálogo político.

Aislamiento con fines personales

La postura de Quintela no responde a una estrategia provincial, sino a un cálculo personal: posicionarse como referente opositor para 2027. Sin embargo, en el intento de construir su capital político, arrastra a la provincia a una marginalidad peligrosa. La falta de interlocución no afecta a la Casa de Gobierno: golpea a los municipios, a las economías regionales, a las obras paralizadas, a los hospitales sin recursos y a los trabajadores estatales que dependen de fondos frescos.

Incluso sus aliados replican el vacío de gestión: mientras intendentes de otras provincias compiten por obras y programas, en La Rioja el intendente capitalino se dedica a actos simbólicos y escenografías patrióticas, sin capacidad real de gestión.

El costo del aislamiento

En un contexto nacional donde se abre el juego al federalismo con acuerdos bilaterales, Quintela optó por romper los canales de diálogo y aislarse. Las consecuencias ya están a la vista:

  • Sin acceso a obras públicas estratégicas

  • Sin participación en mesas de inversión minera y energética

  • Sin acuerdos de seguridad, salud o infraestructura

  • Sin socios provinciales para construir poder real

  • Con una economía dependiente y sin margen para el conflicto permanente

La Rioja se convierte así en una provincia espectadora mientras el resto del país se reorganiza. La “resistencia” de Quintela no construye poder: lo diluye. Y mientras él se proyecta hacia 2027, la provincia queda atrapada en el presente, sin alianzas, sin inversiones y sin futuro claro.

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