El gobernador Ricardo Quintela dispuso de $843.029 millones entre enero y agosto de 2025, lo que equivale a $3.469 millones por día, según datos oficiales sobre ingresos provinciales. Sin embargo, el contraste entre la magnitud de los fondos y la realidad cotidiana de la provincia revela un uso poco transparente y sin resultados palpables para la sociedad riojana.
La dependencia de la coparticipación y la debilidad de la recaudación propia
Del total administrado, $740.405 millones (casi 500 millones de dólares) provinieron de la coparticipación federal. En cambio, apenas $102.624 millones (69 millones de dólares) correspondieron a recaudación provincial. Estos datos confirman la alta dependencia del tesoro nacional y la ausencia de políticas de desarrollo productivo capaces de fortalecer el ingreso propio de La Rioja.
Fondos que no se traducen en servicios ni desarrollo
Si se divide el ingreso por coparticipación entre la población provincial (383.865 habitantes, Censo 2022), cada riojano habría recibido en promedio $1.928.816 en ocho meses. Sin embargo, la provincia sigue exhibiendo escuelas deterioradas, hospitales sin insumos suficientes, precariedad laboral e infraestructura estancada, lo que deja en evidencia la ineficiencia o mala asignación de los recursos.
La llegada regular de fondos refuerza las críticas al discurso del gobernador, que insiste en denunciar “asfixia financiera” por parte de la Nación. Los números muestran lo contrario: los recursos existen, pero la falta de gestión y control impide que se traduzcan en mejoras visibles para la población.
Gasto político y falta de transparencia
El aumento del gasto corriente —particularmente en salarios de la administración pública, programas clientelares y estructura política— absorbe gran parte de los recursos. Analistas coinciden en que la estrategia de Quintela consiste en sostener un aparato estatal sobredimensionado que no genera desarrollo sostenible, sino dependencia.
En paralelo, la provincia continúa con incumplimientos en el pago de deuda y con la emisión de instrumentos financieros como los “Chachos” para cubrir compromisos, lo que genera desconfianza en la administración de los fondos.
Un modelo que acumula riesgos
La administración de más de $843 mil millones en ocho meses sin resultados concretos plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo quintelista. Con un Estado cada vez más dependiente de Nación y con un sector privado débil y precarizado, La Rioja enfrenta un futuro de mayor conflictividad social y económica si no se avanza en cambios estructurales.
El desafío de fondo no es la falta de dinero: es cómo se gasta y con qué objetivos. En este terreno, la gestión de Quintela muestra más contradicciones que logros.



